lunes, 20 de febrero de 2017

Todo por hacer a nivel social y humano

Como afirma Rudolf Rocker, en su gran obra Nacionalismo y cultura, creo que puede decirse que la "voluntad de poder" es un factor poderoso a la hora de analizar las influencias políticas en la Historia de las sociedades humanas. Frente a la rigidez de Marx, que aseguró que era el factor económico el determinante en los acontecimientos políticos y sociales, se puede decir que es una visión demasiado rígida y unilateral, aun teniendo en cuenta su importancia. Hay quien equiparó el "materialismo económico" con los grandes descubrimientos científicos y consideró que esa interpretación de la Historia, según la cual todo acontecimiento histórico es una consecuencia forzosa de un proceso económico naturalmente necesario, llevaba al socialismo a convertirse en una ciencia. Es una teoría, por supuesto errónea a mi modo de ver y creo que también observando la historia de manera rigurosa, que pretende equiparar las causas de los acontecimientos sociales a las causas de los fenómenos físicos (donde imperan las estrictas leyes de causa/efecto, sin cabida para ninguna casualidad ni arbitrariedad). Marx y otras cabezas pensantes llegaron a considerar que, observada la inmutabilidad del proceso cósmico y físico, los acontecimientos sociales están sometidos a las mismas necesidades férreas del proceso natural y que, por tanto, se pueden calcular e interpretar igualmente por métodos científicos.No hace falta insistir demasiado, en aras de la máxima potencialidad de la condición humana, en que en la naturaleza habrá siempre una causalidad de necesidades físicas, pero en los procesos sociales se tratará siempre de una causalidad de fines humanos (manifestaciones de nuestra voluntad). Las prescripciones religiosas, los deberes éticos, las costumbres de la índole que sean, los hábitos de cualquier tipo, toda suerte de tradiciones y convencionalismos, las leyes jurídicas, la praxis política, el concepto de propiedad, los medios de producción... son resultado de nuestras finalidades preconcebidas y no condición necesaria de nuestra existencia. El cálculo científico queda al margen si hablamos de finalidades preconcebidas, las cuales son cuestión de fe, de creencia, donde existe la probabilidad del "puede ser", pero no es forzoso que ocurra. Todo acontecimiento social procede de intenciones y de propósitos humanos, y aunque pueda encontrarse en los límites de nuestra voluntad (debido a la costumbre, a la convención, a lo establecido), no está sometido al concepto de la naturalmente necesario. Esa visión de los acontecimientos sociales como manifestaciones forzosas de una evolución naturalmente necesaria puede llevar a los peores argumentos y hacer perder el entendimiento de los hechos históricos.

La creencia o afirmación de que el destino de las instituciones sociales puede reconocerse por las supuestas leyes de una "física social" es equiparable tal vez a la astrología o a la quiromancia. Por lo tanto, el hombre no está sometido incondicionalmente más que a las leyes de su vida física; toda concepción del hombre relativa a mejorar sus condiciones sociales es un deseo que se desarrolla en el terreno de la probabilidad, y ahí tiene su límite la ciencia. La conformación de la vida social no está sometida a una obligatoriedad de un proceso, ya que es resultado solo de la voluntad y da la acción del hombre. Aceptar las condiciones sociales como el mandamiento de una voluntad divina o como resultado de leyes inmutables (ajenas también a la voluntad del ser humano) lleva a paralizar la voluntad y a admitir, incluso con gusto, las condiciones imperantes. En el caso contrario, puede convencerse de que la vida social posee tan solo un valor condicionado y puede ser modificada por la mano y el espíritu humanos. Así, intentará cambiar por otras las condiciones en que vive y abrir el camino, gracias a su acción, para una nueva conformación social. Así, todo estará por hacer en aras de las mejores condiciones sociales.

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