sábado, 26 de noviembre de 2016

El documental "Rocio", enajenación, represión y memoria

Fernando Ruiz Vergara, ya fallecido, fue el director del censurado documental Rocío, rodado en 1977 (aunque la producción aparece con fecha de 1980). Desgraciadamente, el trabajo de este hombre no ha tenido aún el reconocimiento que merece, a pesar de que representara en su momento a España en el Festival de Venecia y recibiera un premio en el Festival Internacional de Cine de Sevilla. Rocío fue la primera película secuestrada por nuestra gloriosa Transición, después de recibir una denuncia por recoger testimonios de vecinos de Almonte (Huelva) en los que se recordaba a los culpables de larepresión tras el alzamiento militar del 1936 y se daban detalles sobre los numerosos crímenes.

Lo que se narra en el documental resulta impagable, desde los orígenes de un cristianismo aspirante a fuerza institucional, pasando por los hechos históricos en los que se reafirma el poder eclesial, hasta analizar eventos religiosos de amplia participación popular, como la romería del Rocío, desde diversas perspectivas. Se cuenta que las hermandades religiosas se lucran con el evento sin ningún beneficio para el pueblo, y se recuerda además que su creación se realiza para anular a los movimientos sociales que cuestionan la estructura social.

martes, 22 de noviembre de 2016

Firmes frente a la creencia dogmática

La entrada anterior, sobre la disonancia cognitiva, ha provocado un nuevo aluvión de cartas físicas, correos electrónicos, SMS, whatsapps e incluso algún comentario abordando por la calle a mi pobre persona. El tono oscila entre el conformismo, ante lo inevitable de que la disonancia cognitiva sea inherente a cualquier hijo de vecino, la negación y el exabrupto. Veamos. Mi intención, pobre seguramente, era comprender sobre todo dos cosas: por qué creemos en cosas absurdas (por no decir otra cosa) y, para más inri, por qué esas creencias son a veces inamovibles (hasta la desesperación, y a veces exasperación, del que está enfrente). Si aceptamos que la disonancia cognitiva es un proceso psicológico con bastante fundamento, veamos qué podemos hacer para combatir esa testarudez dogmática. En primer lugar, algo en lo que creo que he insistido una y otra vez, se trata de algo que nos pasa a todos. Incluso, a nivel cotidiano, resulta inevitable. Es imposible revisar una y otra vez las creencias, por lo que recurrimos a los dichosos sesgos cognitivos. Estos, vienen a ser una desviación en nuestro proceso de la información, lo que lleva finalmente a la distorsión e incluso, cuando uno ya se pasa de vicio, a la irracionalidad. Los hay de diversos tipos, cosas como jugar con las estadísticas, hacerlo solo con datos que confirman lo que ya creemos u otorgar excesiva autoridad a ciertas personas. Esto es otro tema apasionante en el que merece la pena profundizar.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Disonamos, luego existimos

El que la gente siga creyendo en cosas sin sentido es un poco para volverse loco. No hablo necesariamente de cuestiones místicas y/o abstrusas, sino de evidencias puestas delante de las narices, pero que en lugar de hacer tambalearse las creencias provocan que la gente se enroque aún más en ellas. Existe un proceso psicológico que puede ayudarnos a comprender esta peculiar actitud. La llamada "disonancia cognitiva" viene a sostener que, si una información innovadora entra en conflicto con nuestras actitudes, creencias y conocimientos, derivará en una angustia mental que solo se aliviará reinterpretando la nueva entrada perturbadora. Es comprensible que a uno le cueste admitir su creencia en cosas absurdas, pero el problema es acabar reafirmándose en la seguridad de que lo que creemos es la verdad. Así, el creyente acaba teniendo una seguridad firme sobre su honestidad e inteligencia y, con cierta frecuencia, distorsionará la realidad malinterpretando los datos de sus memoria. Hablamos de un fenómeno, el de la disonancia cognitiva, que ha sido muy estudiado por la psicología: las personas se aferran a veces a sus creencias a pesar de que las mismas sean incompatibles con otra información que posean (lo cual deberían ser nuevas creencias renovadas).

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Homo Deus

Uno de los libros de moda, especialmente en ciertos círculos intelectuales oficiales (siempre sospechosos), es Homo Deus. Una breve historia del mañana, del historiador israelí Yuval Noah Harari. Por un lado, y aunque el ensayo es finalmente pesimista sobre el futuro de la humanidad, se incide en una concepción del progreso de lo más cuestionable. Se asegura que en el último siglo se han reducido los grandes males de la humanidad (el hambre, la guerra, las enfermedades, incluso la muerte…) y que en ese mismo periodo han predominado ciertos valores humanistas. La realidad es que vivimos en un mundo, y por causas políticas y económicas muy concretas, donde todos esos datos oscilan, varían, se juega con ellos (la ilusión de que se progresa), cuando la verdad es que hace mucho tiempo que existen los recursos suficientes para acabar de sobra con esas calamidades. Males producto, en gran medida, de la mano humana (y, por lo tanto, susceptibles de ser cambiados). Es cierto que, sobre el papel, el mundo parece mucho más igualitario, más respetuoso con los derechos humanos (más humanista, en apariencia, efectivamente), pero los hechos (los que cuentan) son muy diferentes. La modernidad prometía mucho hace un par de siglos, y sus valores son hoy totalmente reivindicables (de modo crítico, por supuesto, y sin tics reaccionarios), pero su desarrollo ha supuesto la peor de las pesadillas para gran parte del planeta, por lo que hay que atender más a los hechos que los derechos sobre papel mojado.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Realides múltiples y universos paralelos

Al llegar a la consulta de aquel tipo, la primera impresión estaba lejos de ser sospechosa. De aspecto agradable, actitud seductora y jerigonza habilidosa, su bata blanca contribuía a investirle de cierta autoridad. Enseguida, pasé a explicarle los síntomas de mi malestar. Me habló sobre la manipulación de mi cuerpo con determinadas técnicas de masaje, desde un punto de vista "holístico" (sic), que pondrían especial énfasis en mi estructura corporal y en los problemas mecánicos derivados de la misma. Los fines sanadores, como no podría de otra manera, no tardarían en llegar. Momentáneamente, me quedé cavilando…

martes, 1 de noviembre de 2016

¿Lo oficial contra lo alternativo?

Atacar la homeopatía, como uno de los insignes representantes de la llamada "medicina alternativa", es ya un lugar común. Es decir, es habitual afirmar, con algo de tono jocoso, que el supuesto médicamento homeopático no es más que un compuesto de agua con azúcar. Eso sí, bastante caro y con una alusión a un supuesto principio activo tan diluido que parece inexistente. Como deberíamos saber, para que un medicamento resulte efectivo hay que tomar una dosis mínima que resulte efectiva, lo que se define como superar un umbral de dosis a partir del cual puede haber efecto farmacológico. Para sustituir esto, los homeópatas suelen acudir a explicaciones bien algo fantasiosas, bien repletas de términos científicos abstrusos. Como a cualquier otro terapeuta y científico, habría que exigir una explicación clara y coherente sobre el principio activo que puede curarnos. Decir que la homeopatía que nos venden en las farmacias no es más que agua con azúcar es, efectivamente, un lugar común, lo mismo que afirmar que sus beneficios no son superiores a los del llamado efecto placebo.