martes, 31 de marzo de 2015

Cinismo y libre examen

El lenguaje popular ha llevado el significado del término 'cinismo' a un lugar abiertamente peyorativo. Cínico, para esta acepción, sería alguien con una actitud deshonesta, casi que hace gala de su falta de virtudes. Bien, nadie puede negar que la palabra se emplea con este significado en infinidad de ocasiones, aunque con algunos matices.

Tenemos la sensación de que, a pesar de que suele esgrimirse como un insulto, algo ha quedado en ella de cierta carga lúcida; el cínico es alguien que, a pesar de que su conducta pueda ser muy reprobable según determinada moral, en realidad obedece a cierta consciencia e incluso a cierta denuncia sobre la hipocresía del mundo en que vivimos.
Para entender esto, como en tantas ocasiones, hay que averiguar que suponía en origen la escuela filosófica de los cínicos. No hace falta decir, antes de ello, que si nos ocupamos de tal cosa en este blog es porque entendemos que una cierta actitud cínica, es más que necesaria para acercarnos al librepensamiento. En otras palabras, cuestionar siempre lo establecido, dudar de los convencionalismos y ser irreverente suponen una determinada forma de ver la vida y actuar en ella; por supuesto, una forma que defendemos y que entendemos muy unida al librepensamiento (y, por supuesto, a la libre expresión).

No vamos a profundizar demasiado en lo que fue la escuela cínica en la Antigüedad, pero sí vamos a dar unos apuntes para tratar de dar un nuevo sentido al término que nos ocupa. Lo primero que hay que comprender es que hablamos de una de las filosofías más radicales de la historia de la humanidad: libertad radical de pensar, de actuar y de palabra. El cínico, al hacer una crítica demoledora al desarrollo de la 'civilización', no dejaba de ser un desvergonzado irreverente para la sociedad; no es casualidad que se haya considerado el cinismo como un precedente del anarquismo, ya que considera que el individuo debe ser autónomo, libre, cosmopolita y no debe obediencia a ninguna institución, convención o ley (al ser siempre estas locales).

Por lo tanto, podemos entender que el cínico, aunque portador de altos valores (como el cosmopolitismo, la autonomía y la libertad), realiza una crítica radical a todo convencionalismo, ya que considera precisamente que se oponen por sus limitaciones locales a esas altas aspiraciones del ser humano. Hoy, podemos cuestionar si verdaderamente esas actitudes, aunque necesarias para el progreso y la transformación social, conducen a una tranquilidad de ánimo que desemboque en la felicidad, algo en lo que insistían mucho los antiguos griegos. Igualmente, habría mucho que hablar sobre si es posible la autosuficiencia, especialmente para la idea de que el individuo sea libre, ya que existen siempre factores sociales que nos determinan; para bien y para mal.
Lo importante del legado cínico, si queremos vivir el pensamiento y la vida de la forma más libre posible (y no podemos más que entender que la lucidez y la satisfacción son también garantes de esas libertad; no necesariamente el mero acomodo), es que tengamos siempre en cuenta todos esos factores que nos determinan y que, incluso, acaban sometiéndonos. Por ello, hay que cuestionar siempre lo que 'dice' la sociedad; lo que pretende que acatemos la autoridad instituida es siempre criticable, ya que que lo establecido se identifica con algo rígido y estático, opuesto a un modo amplio de entender la vida y el conocimiento. Como nuestra postura vital es a favor del 'libre examen', no podemos más que recoger, al menos en cierta medida, esa herencia de la escuela cínica.

sábado, 28 de marzo de 2015

Escepticismo y autocrítica

Como ya hemos dicho en otras ocasiones el mundo escéptico y crítico peca no pocas veces de cierta soberbia y, lo que es peor, realiza una lectura de la realidad más que simplista cuando trata de explicarse por qué la personas siguen acudiendo a tanta creencias y terapias seudocientíficas. Así, la explicación que suele darse es la ignorancia sobre cuestiones científicas, así como sobre la metodología para concluir si un conocimiento es o no verdadero.

Esto es así, solo en parte. Es cierto que existe ignorancia y pocas ganas de combatirla cuando, por determinados mecanismos, el ser humano se acoge a una creencia tantas veces adornada con terminología seudocientífica. No obstante, insistimos, es una lectura sesgada de la realidad; resulta mucho más interesante dar un paso más e indagar en por qué las personas acaban confiando en este tipo de prácticas, si no creyendo de forma dogmática.


Los postulados en el mundo moderno heredados de la Ilustración, según los cuales el conocimiento verdadero nos hará libres, han demostrado no ser infalibles. No todo el mundo, sin que tenga necesariamente que ver la falta de inteligencia, es capaz de cambiar sus creencia si se le da la explicación verdadera. Por supuesto, seguiremos insistiendo en ello, pero no se puede tildar de ignorante simplemente al que no quiera adoptar ese conocimiento, que en realidad puede tener también mucho de creencia. Es cierto que para determinadas propuestas seudocientíficas, de base tremendamente simple, sigue siendo una herramienta eficaz simplemente aludir a las leyes de la termodinámica y evidenciar lo que en realidad dice la ciencia sobre, por ejemplo, la energía. Sin embargo, el asunto se vuelve más complejo cuando entran en juego otros factores.

También hemos insistido mucho en este blog sobre lo mucho que tiene que ver, desde el punto de vista del usuario, determinadas prácticas (como el caso de la medicina alternativa considerada no científica) con las antiguas creencias religiosas. En la actualidad, la religión está en evidente crisis; unas se repliegan en el odioso fundamentalismo y otras siguen existiendo a un nivel formal sin que ningún hijo de vecino sea capaz de llevar a la práctica sus anacrónicas, y tantas veces irracionales, propuestas. Las creencias religiosas persisten ya que, al igual que las de ciertas prácticas seudocientíficas, tienen una base emocional, que se alimenta con mucha seguridad de las carencias y del malestar existencial, por lo que el escepticismo y la crítica racionalista no tienen mucho que hacer.

Todos tenemos creencias, porque todos tenemos emociones, y porque necesitamos sobrevivir a diario con ciertos sesgos cognitivos; no somos robots programados para analizar meramente de forma lógica y racional. Es tremendamente saludable reconocer esto cuando, desde la práctica de la seudociencia, se nos critica por ser tan demoledores en nuestra crítica. Hay que matizar siempre que dicha crítica es meramente cognitiva, es decir, alude a un método adecuado de acceso al conocimiento; por supuesto, si el análisis es negativo llegamos a la consideración de una práctica como seudocientífica y, al mismo tiempo, denunciamos que se quiera buscar beneficio con las necesidades de las personas (es el caso de cualquier medicina cuyos postulados se haya demostrado falsos).
Otra cuestión son las necesidades de las personas, tantas veces emocionales y, en no pocas ocasiones, agravadas con tremendos problemas de salud. Es algo que, desde el mundo escéptico y crítico, tenemos que comprender si "creemos" de verdad en los valores humanos y no solo en frías cuestiones científicas.

martes, 24 de marzo de 2015

Si 50 millones de personas creen…

"Si 50 millones de personas creen una tontería, sigue siendo una tontería", es una frase que se atribuye al escritor Anatole France (1844-1924); no deja de ser una variante del muy utilizado "Millones de moscas no pueden estar equivocadas". Lo que también, desgraciadamente, es un argumento muy recurrente es la 'dictadura del número', que es a lo que aluden con crítica y mordacidad estas máximas; por supuesto, frente a ella abogamos por argumentos solidos y razones sensatas, cuyo punto de partida es la duda y el pensamiento crítico, tratando de alejarnos de toda alienación y descerebramiento colectivo.


sábado, 21 de marzo de 2015

El Papa Francisco

Hace ya casi un par de años que, tras la dimisión de Ratzinger, existe un nuevo pontífice en el Vaticano. Desde entonces, asistimos a la entronización de un señor que, con el mismo discurso de siempre dentro de la Iglesia Católica, simplemente se muestra mucho más cauto y 'cercano' en las formas. Los medios, incluso algunos supuestamente progresistas, han aplaudido las palabras del nuevo Papa con tanta dosis de papanatismo como consecuente falta de profundización en los discursos habituales de una institución simplemente anacrónica.


Y decimos tal cosa a sabiendas de que existan masas enfervorecidas que siguen ciegamente a los líderes eclesiásticos. Estamos totalmente a favor de la libertad de conciencia, faltaría más; un paso más avanzado es la total libertad de crítica en aras del progreso. Por poner un ejemplo de lo que queremos decir sobre una institución eclesiástica todavía con demasiado poder, el cada vez menos progresista diario El País de España ha dedicado primeras planas a alabar una más que cuestionable renovación en la manera de ver las cosas en la Iglesia. Se aplaude si el sumo pontífice dedica palabra amables a los homosexuales (algo así como "Quién soy yo para juzgar a los gays"), cuando se mantiene intacta una moral obsoleta que observa dicha condición sexual como algo patológico, desviado, contraria a lo que ellos consideran "normal".

Precisamente, hablando de patología, alguien dijo una vez que lo que era simple delirio en una persona, se convertía en religión cuando las creencias se producían a nivel colectivo. Hablamos de instituciones ferozmente jerarquizadas, que exigen una absoluta obediencia, decidiendo sobre lo que tienen que hacer y pensar las personas, y cuyo máximo mandatario se encuentra en comunicación directa con un ser sobrenatural todopoderoso. Como ya hemos insistido desde este blog, el debate a estas alturas de la película no es cuál religión es mejor, cualquiera de ellas tiene una moral que será pronto superada, o más verdadera, obviamente todas son cosmogonías falsas; la auténtica cuestión es si la religión es o no necesaria bien entrados en el siglo XXI.

No obstante, dejemos a un lado esta crítica radical a la religión y a las organizaciones derivadas, y centrémonos en el Papa Francisco. Recientemente, a raíz de los atentados islamistas a la publicación satírica Charlie Hebdo, este hombre ha manifestado su condena, su defensa de los "derechos humanos" y de la "libertad religiosa" junto a una metáfora sobre que hay cosas que no pueden criticarse: algo así como "si alguien dice una mala palabra de mi madre, puede esperarse un puñetazo". Dejando a un lado la muy cuestionable apología de la violencia, supuestamente ajena al cristianismo (aunque, como haya pasado con todo dogmatismo, en nombre de esta religión se hayan producido las mayores barbaridades en la historia), este señor quiere olvidar que lo que los compañeros de la publicación Charlie hacen no es un mero insulto gratuito (que sería, por otra parte, condenable por otros medios sin que medie la violencia de por medio), sino una crítica a lo instituido con toda la intención del mundo. Gente poderosa, políticos, empresarios y religiosos, han sido objeto de la pluma afilada de esta publicación; el Papa Francisco, por muy amable que quiera presentar su faz, es simplemente uno más de esa clase.

Repasamos otras declaraciones del Papa. "No tener hijos es una elección egoísta", manifestó recientemente, junto a la afirmación de que tres es el número ideal de infantes por familia. Otras palabras que muestran la verdadera cara ideológica de nuestra muy repudiable Iglesia. ¿En qué mundo vive esta gente? No tener hijos es una elección tan respetable como cualquier otra. Es más, en este mundo en el que vivimos, con tanta injusticia y problemas sociales, con tanta infancia desprotegida, no tener hijos es la elección más lógica y concienciada. Por supuesto, es una manera más de ver las cosas; la diferencia es que algunos no nos subimos a un púlpito para manifestarlas. Tal vez la curia romana, sabiendo que estas declaraciones son seguidas al dedillo por demasiados feligreses ciegos, tema algún día quedarse sin clientela. Repugnante, en cualquier caso, muy repugnante.

Son muchas las palabras textuales que podemos analizar del sumo pontífice, dichas no de manera accidental, sino con toda la intención del mundo. Ya en el terreno de la estulticia, aunque no exenta la declaración de un tono igualmente abominable, Francisco ha dicho en cierto medio televisivo mejicano lo siguiente: "A Méjico históricamente el diablo lo ha castigado con 'mucha bronca' porque fue el lugar de la aparición de la Virgen de Guadalupe". ¿Merecen mucho análisis estas palabras? Los numerosos problemas sociales que tiene aquel país, explicables por motivos muy terrenales (y, por supuesto, solucionables si se profundiza en ellos), son producto de una infantil creencia sobrenatural. No olvidemos una cosa, la Iglesia es simplemente una organización conservadora en aquellos lugares donde ya no manda tanto y muy reaccionaria donde sí puede hacerlo; por lo tanto, cómplice directa o indirectamente de las injusticias sociales, económicas y políticas. Sea cual sea la faz que presente su máximo mandatario, y por mucha buena gente que haya en sus bases (no hace falta decirlo, existen personas que creen y practican el amor al prójimo, dentro y fuera de las organizaciones religiosas), esto es lo que está detrás de la Iglesia Católica: una moral obsoleta, una negación abierta o encubierta del placer y una apología del sufrimiento, una defensa directa o indirecta del sistema instituido (con todas sus injusticias sociales), sexismo y homofobia, una negación general del progreso, junto a creencias infantiles en fuerzas sobrenaturales (benévolas o malvadas).

martes, 17 de marzo de 2015

Manipulaciones y creencias


Hay quien sostiene, de manera encomiable por un lado, aunque sembrando la sospecha por otra, que el librepensamiento resulta imposible. Dejaremos claro que, efectivamente, entendido como concepto absoluto, el librepensamiento, o pensamiento independiente, resulta francamente difícil. Es más, lo que nos reafirma en nuestra defensa del mismo, lo cual no quiere decir que ninguno de nosotros merezca el calificativo de 'librepensador', es nuestra más firme oposición a todo absolutismo sin que por ello caigamos en un vulgar relativismo (ya que, de una manera o de otra, todos tenemos ciertas creencias, aunque con la permanente crítica en base a la verificación con la realidad que conocemos; no entraremos, de momento, en abstrusas polémicas sobre lo que es o no 'real'); identificamos el absolutismo con cualquier tipo de creencia, y más en concreto con toda creencia trascendente, es decir, no sujeta a la verificación y al debate en un plano humano (para bien, y tantas veces para mal, el único que conocemos).

Antiguamente, el librepensamiento aludía a una emancipación de la creencia religiosa en aras del conocimiento humano. Por supuesto, seguimos pensando tal cosa, aunque es necesario expandir esa emancipación a otro tipo de creencias dogmáticas; haberlas haylas, y de qué manera. Como hemos dicho, entendemos como un pensamiento aceptablemente independiente aquel que obliga a revisar sus creencias de manera permanente; sin enloquecer por ello, ya que necesitamos a diario ciertas dosis de confianza en un conocimiento no verificado para sobrevivir (lo que denominan 'atajos cognitivos', pero aceptando que es necesario oxigenar el cerebro de vez en cuando; pensamos que algunos cerebros no dejan pasar demasiado el aire).

Recientemente, hemos vuelto a sufrir el ataque dogmático a la libertad de expresión. Resulta muy fácil, de boquilla, atacar el fundamentalismo de esa gente que considera que su verdad no puede ser cuestionada ni ridiculizada y actúa de forma violenta para remediarlo. Resulta muy fácil criticar el fundamentalismo, y más si es una religión ajena. Sin embargo, el Papa lo dejó muy claro, en un conversación que a buen seguro no pretendía que fuera pública; reproducida con palabras no exactas, 'si te metes con algo sagrado para mí, te llevas una hostia' (y no precisamente consagrada). Nos gusta el clero cuando actúa como lo que es; dicho de manera no irrisoria, una clase mediadora que cree estar en contacto con una verdad absoluta y trascendente. A buen seguro que la inmensa mayoría de religiosos no cogerían un arma para fulminar al que les ha ofendido; no obstante, irritan un poco esas seudocríticas al fundamentalismo que llevan siempre un 'sí, pero…'.

Dejemos la religión y hablemos de otro tipo de creencias, muy directamente relacionadas con la manipulación a la que estamos sujetos en un mundo en el que la información debería estar al alcance de cualquiera. Claro está, hay personas bastante más proclives a dejarse manipular que otras; es decir, aquellas que ni se cuestionan si su pensamiento es razonablemente independiente, es decir, aquellas encastilladas en sus creencias que no dejan que permee la crítica ni atienden demasiado a un saludable pragmatismo (utilizo este concepto también de forma filosófica; recordaremos que la actitud pragmática es aquella que coloca el concepto de verdad en función de su utilidad y valor para la vida humana). Podemos poner muchos ejemplos. Si hablamos de nacionalismos, al igual que ocurre con la religión, lo fácil que resulta criticar y ridiculizar el ajeno sin caer  en la cuenta de lo muy alienante que es el propio (es más, la experiencia demuestra que los que más se enervan con las 'creencias' nacionalistas son aquellos que esgrimen otra similar, pero de otro pelaje; a vueltas con lo pernicioso que consideramos el dogmatismo, se presente como se presente).

A nivel ideológico, ocurre exactamente lo mismo. Es más, nos atrevemos a decir que toda ideología tiene una considerable cantidad de creencias, junto a valores que pueden ser muy encomiables si no los tomamos de forma absoluta. Aclararemos, para aquellos falsamente orgullosos de no tener ideología alguna (tal vez porque, de nuevo, identifican lo pernicioso de las mismas con las creencias ajenas, no con las propias); todos tenemos, de una manera u otra, una ideología, más o menos propia de la sociedad que nos ha tocada vivir, más o menos ajena, más o menos independiente en cualquiera de los casos. Obviamente, unas ideologías conllevan una base mayor de posibilidades de desembocar en el odioso fundamentalismo, no solo por las propias ideas y valores, también por la actitud de la persona; insistimos en que una buena dosis de pragmatismo, junto a otra más incierta de relativismo, puede compensar actitudes proclives al dogmatismo. En este blog, nos hemos mostrado partidarios del anarquismo en alguna ocasión. Ello ha sido porque identificamos dicho movimiento (no solo un conjunto de doctrinas ni una mera ideología) con, ni más ni menos, con el librepensamiento; es decir, la permanente verificación de lo que es más eficaz y valioso para la vida humana. Dejémoslo ahí, de momento

sábado, 14 de marzo de 2015

Las bondades de la medicina alternativa

Navegando e indagando en el apasionante universo del escepticismo y del pensamiento crítico, topamos con el hilarante vídeo del amigo Christian Flores, que ha compuesto una canción sobre los "beneficios" de nuestra amiga, la medicina alternativa, tan objeto de atención en este blog. En respuesta a por qué ha llevado a cabo semejante empresa, Christian responde: “Porque hay que acabar con estos métodos que lo único que buscan es aprovecharse de los demás. Es preocupante que, en casos de enfermedades graves, la gente, que no tiene la culpa de buscar todas las vías posibles para curarse, sea engañada por patanes”. En lugar del bonito adjetivo con el que acaba su frase, póngase lo que corresponda aludiendo a todo aquel "especialista" en terapias cuya eficiencia no ha sido probada por episteme alguna (es decir, y perdón por las pedanterías de baja intensidad, método científico, en oposición a lo que los antiguos griegos llamaban doxa: mera creencia u opinión).




sábado, 7 de marzo de 2015

Tiendas esotéricas, ¡están aquí!


Hoy en día, proliferan tiendas de condición inenarrable en las que, de forma aparentemente inexplicable, abunda toda suerte de productos relacionados con terapias seudocientíficas, soluciones mágicas o espiritualidad de baratillo; para no andarnos con eufemismos, engaños para incautos.

Es más, es posible que la crisis económica de los últimos años haya favorecido el auge de este tipo de locales que venden consuelo no tan barato a las personas. Algunos de los que regentan estos negocios, lo dejan muy claro sin andarse por las ramas: "cuando peor le va a la gente, mejor nos va a nosotros". La frontera con la religión es difusa, podemos hablar de una necesidad de creer de tantas personas, aunque muy explicable gracias a mecanismos sociales y sicológicos. Es decir, los conformistas van a argumentar una y otra vez que la gente tiene esa necesidad de creencia, que qué le vamos a hacer, o más bien de consuelo, mientras que otras nos empecinamos en buscar sustentos más sólidos en la vida al mismo tiempo que soluciones a los problemas sociales e individuales, tantas veces conectados de forma estrecha.

Por supuesto, vivimos en una sociedad en la que, aparentemente al menos, hay libre comercio y prolifera la ley de la oferta y la demanda. Si tenemos las tragaderas de aceptar, de forma todavía más irritante que en otro tipo de locales, que en las farmacias se venda homeopatía, hay que asumir que alguien abra negocios en los que se comercia con la nada más absoluta utilizando como elemento de mercadotecnia la esperanza más banal. Nada que objetar, siempre y cuando se tenga la honestidad de aclarar el asunto de forma informativa: "nosotros solo ofrecemos consuelo existencial ante los muchos problemas que hay en la vida, los cuales generan todo tipo de malestar físico y mental, para el que deberían buscarse soluciones reales".

Por supuesto, nada de eso va a ocurrir y siempre se va a argumentar, desde el lado alternativo, que hay una verdad a descubrir que la ciencia oficial, o los que la gestionan, tienen mucho interés en ocultar. Sin embargo, esta perversa lógica obvia, además por supuesto de ser incapaces de aceptar que lo que venden son cajas de humo, que los intereses de las grandes empresas, que por descontado existen y juegan con la salud de las personas como les parece para obtener beneficios, simplemente están a otra escala; los terapeutas, y empresas, alternativas simplemente buscan su parte del pastel. Es decir, por ejemplo, la homeopatía constituye otra industria más que desea beneficios, aunque obviamente con limitaciones evidentes debido a que sus principios activos suelen estar equiparados al vacío puro y duro.

Si quieren ustedes echarse unas risas, desprendidos de dogmas y prejuicios (sí, el prejuicio en este caso es la antesala de la creencia, en otros puede ser algo muy saludable como primer paso a un juicio intelectual), pásense por algunos de estos comercios. Como primera duda preventiva, hay que preguntarse por qué las creencias alternativas tienden a amontonarse de forma inversamente proporcional a las leyes de la termodinámica. Bromas aparte, podemos aceptar que en un comercio que se autodenomina esotérico venda todo tipo de despropósitos seudocientíficos. Sin embargo, es muy sospechoso que los clientes y usuarios de este tipo de productos tiendan a aceptar, y así nos lo dicta la experiencia, prácticamente todas las propuestas de forma muy alegre; suelen decir que eso es tener la mente muy abierta, pero recordaremos una y otra vez que no tanto para que se desparrame el cerebro.

Como ejemplo de ello, recapitulemos algunas de las cosas que podemos encontrar en estos lugares, donde además se tiende a impartir cursos, con una breve descripción en la que no pretendemos ser sarcásticos: Tarot, o método adivinatorio utilizando una baraja de naipes, junto a otros ejemplos de quiromancia (¿por qué gustará tanto que el destino esté marcado?, ¡con lo bonito y saludable que es pensar que podemos edificar nuestro futuro!); lectura de registros akásicos, o algo parecido a un almacén presente en el éter donde se encuentra todo el conocimiento desde el principio de los tiempos (recordaremos, para empezar, que el éter es sencillamente una sustancia científicamente obsoleta); terapias reiki, o búsqueda de la sanación mediante la imposición de manos canalizando cierta energía que denominan "vital universal" (concepto muy recurrente en este mundo alternativo); feng shui, doctrina o sistema que juega también con algún tipo de aliento vital distribuido esta vez en el espacio y condicionado por las formas y disposición de los elementos; para acabar por el momento, y generalizando, toda suerte de amuletos que abundan en la superstición (ya saben, todos los somos, y el que no, es porque da mala suerte).

martes, 3 de marzo de 2015

Cómo convertirse en un charlatán


Edzard Ernst es uno de las mayores investigadores en medicina alternativa y de él tomamos prestados los siguientes puntos -a modo de pasos a seguir para llegar a convertirse en un notable charlatán con la vida crematística asegurada-, que alertan sobre esa gran fuente de ingresos a la que puede apuntarse cualquier habilidoso vendedor de humo. En la entrada anterior, quisimos dar a conocer, de forma humorística, ignotas terapias sanadoras de nulos resultados; veremos una y otra vez que la realidad deja en pañales cualquier intención cómica.

1. Encuentre una terapia atractiva y dele un nombre fantástico. Aquí Ernst deja claro que este primer punto no resulta tan sencillo, ya que a estas alturas la mayor parte de las prácticas delirantes está ya cogidas: apiterapia, vinoterapia, chocolaterapia, sanación energética, quinesiología, cromoterapia, iridología, orinoterapia, quiropráctica, recitación de mantras, risoterapia, etc., etc., etc.; no hay que desesperar, ya que con buena imaginación uno pude fabricarse su propia terapia alternativa de imaginativo nombre, primer paso para convertirse en un magnífico charlatán de habilidosa retórica, contacto con fuerzas no contrastadas y/o con superpoderes.

2. Invente una historia fascinante. Otro punto primordial en el que es necesario crear una génesis fantástica en la que nuestra terapia haya sanado a algún tierno infante, o a otra persona que despierte la emoción en nuestras víctimas, o se haya originado en algún oscuro contacto con fuerzas sobrenaturales,

3. Añada un poco de pseudociencia. Efectivamente, Ernst tiene toda la razón, vivimos en una época en la que la ciencia no puede ser simplemente desechada como antaño, cuando la Iglesia, y otras instituciones oscuramente reaccionarias, tenían tanto poder; una adecuada terminología semicientífica, que supuestamente solo pueden comprender algunos expertos, nos ayudará en nuestro cometido; física cuántica, teoría de las cuerdas, teoría del caos o nanotecnología, son algunos de los recurrentes ejemplos que, inexplicablemente, cautivan a las masas.

4. No olvide una dosis de sabiduría antigua. Por supuesto, la terminología pseudocientífica no quita que se recurra a la Antigüedad como garante de la validez de según qué prácticas; efectivamente, la sabiduría que tenían las civilizaciones del pasado, filtradas adecuadamente por el paso del tiempo, nos ayudará en la elaboración de nuestra tronchante terapia alternativa.

5. Afirme tener una panacea. Lo que es lo mismo, nuestra terapia servirá para cualquier tipo de enfermedad, lo que asegurará enormemente nuestros ingresos; hay que advertir que, llegados a este punto, ha desaparecido la poca vergüenza que, tal vez, conservábamos.

6. Lidiar con el "problema de la evidencia" y los desagradables escépticos. ¡Cómo no! Esos irritantes y fastidiosos escépticos se verán pronto atraídos por nuestra envidiable terapia y nos exigirán pruebas de su evidencia sanatoria; no hay que perder la calma ante estas acometidas escépticas, la solución es aportar testimonio tras testimonio de lo bien que ha ido nuestra técnica, los cuales pueden ser por supuesto producto enteramente de nuestra imaginación.

7. Demuestre que domina el arte de hacer trampa con las estadísticas. Este punto es una ampliación del anterior; si los escépticos vuelven a la carga, podemos aportar una estadística de un 70% de pacientes, de ahí para arriba, que ha obtenido un notable beneficio con nuestra imaginativa terapia.

8. Gane puntos con las grandes farmacéuticas. Aludir a que la industria médica está acojonada con nuestra medicina alternativa, ya que les va a quitar gran parte de sus beneficios, es algo tan recurrente como efectivo; por supuesto, todo aquel que pretende apelar a la ciencia para desmontar nuestra terapia está sencillamente a sueldo de las grandes empresas farmacéuticas. Este punto asegura una clientela de lo más variopinta, no solo los habituales místico-alternativos.

9. Pida dinero, mucho dinero. Ernst nos recuerda, en su último punto, que nuestro objetivo primordial es, como no podía ser de otra manera, ganar mucho dinero. Es necesario cobrar tarifas elevadas, incluso de manera exagerada; ya hablemos de un producto que pongamos a la venta, de consultas particulares que realicemos o, en un alarde de generosidad, de clases que demos sobre nuestra magnífica técnica. Con algunas excepciones (las hay, las hemos visto, ya que hay gente peligrosamente encerrada en sus creencias), no hay ningún verdadero charlatán que trabaje gratis o que tenga un precio razonable.

Erzard Ernst publicó originariamente estos pasos en su blog bajo el título How to become a charlatan. La traducción al castellano ha sido tomada del siguiente enlace: http://charlatanes.blogspot.com.es/2012/12/como-convertirse-en-charlatan.html