sábado, 28 de febrero de 2015

Glosario de medicina alternativa (Primera parte)

Ante la avalancha de correos, tanto electrónicos como físicos, solicitando un mayor esclarecimiento sobre algunas terapias de la denominada medicina alternativa, proponemos en esta entrada un pequeño glosario sobre algunas de estas peculiares prácticas. Advertimos que, aunque se invoque severamente el método científico para exigir pruebas de lo afirmado, algunos de los comentarios son ferozmente subjetivos, ¡nosotros somos así! 

Nihilopatía: una de las medicinas alternativas más demandadas, por su sencillez y por encontrarse ya a la venta en farmacias en forma de pastillas de llamativos colores a un precio relativamente económico; se basa en tres principios sencillos de comprender incluso para un niños de cuatro años (como diría Groucho, ¡que me traigan a un niño de cuatro años): el principio fundamental es que es la nada, pura y dura, la que puede curar la enfermedad (es válida, como no podía ser de otra manera, cualquier tipo de trastorno); el segundo principio es que la mencionada nada, que recordamos es la que sanará a nuestro enfermo según un principio activo inexistente, se diluirá en dosis infinitesimales (es decir, no se pierdan ustedes, la nada diluida en dosis ridículas); por último, esta nada, aunque de venta en farmacias de forma generalizada, causará efectos muy particularizados en cada persona; no hacen falta más comentarios.

Porcinoterapia: como es sabido, del cerdo el ser humano aprovecha todo, tal vez porque somos mucho más parecidos de lo que nos gusta afirmar (unas personas más que otras, eso sí); por si no fuera suficiente para el pobre animal, se ha descubierto ahora que el semen del cerdo tiene propiedades curativas, ya que supuestamente puede prevenir o sanar a una persona afectada de según que trastornos reales o incluso ficticios; la posología no la explicamos, ya que nos entra la risa floja.

Rai-Chi: dentro de las llamadas terapias energéticas del biocampo, se trata de una de las más entretenidas; por supuesto, como tantas otras de estas prácticas, la premisa fundamental es que existe un campo de energía, a veces con aspiraciones universales e incluso cósmicas, que rodea y penetra (con perdón) el cuerpo humano con fines curativos; por supuesto, es necesaria la presencia de un experimentado, y sobradamente informado, terapeuta para aplicar dicha energía en el cuerpo del paciente (normalmente, con tocamientos, qué les vamos a contar); se advierte de que si ese campo energético, controlable gracias al entrenamiento en manos de un atractivo maestro, recibe el nombre de 'la fuerza', no hablamos de Rai-Chi, sino de otra ficción igualmente divertida.

Terapia espirituosa: curiosa fusión de la espiritualidad de baratillo, que ofrecen algunas de las irritantes prácticas New Age, con licores alcohólicos de lo más variopintos; según esta, no tan novedosa, terapia si ingieres algunos de estos líquidos, propuestos por algunas personas con túnica de elevada espirituosidad (los licores, nos referimos, aunque también las personas), pueden producirse alteraciones de la conciencia tan elevadas como para adentrarse alegremente en un mundo sobrenatural poblado de toda suerte de seres espirituales; las propiedades curativas gracias a este estado no parecen muy claras, pero está asegurado pasar un rato entretenido.

martes, 24 de febrero de 2015

James Randi, gurú del escepticismo

James Randi es una conocida figura en Norteamérica por poner en evidencia los fraudes de todo tipo de pseudociencia; como él mismo fue ilusionista durante casi cinco décadas, parece que ha desarrollado una gran habilidad para detectar los engaños de personas que afirman tener poderes y toda suerte de bobadas.

Este hombre fue miembro, y cofundador del Comité para la Investigación Escéptica, organización estadounidense que promueve el pensamiento crítico y la investigación científica de todo tipo de actividad paranormal y afirmaciones cuestionablemente científicas; en inglés, el Comité publica el Skeptical Inquirer y, para los lectores de habla hispana, tenemos la suerte de contar con la revista Pensar, así como multitud de libros que se ocupan de la pseudociencia. Como no podía ser de otra forma, las investigaciones críticas que lleva a cabo el Comité se basan en que las afirmaciones extraordinarias, tan del gusto de 'creyentes' y terapeutas alternativos, deben ser probadas de manera sólida o, de lo contrario, ser de inmediato descartadas.  A pesar de los intentos para desacreditarla, con tanto fundamento como las propias teorías y creencias objeto de crítica, esta organización goza de un gran prestigio; Carl Sagan, en su influyente libro El mundo y sus demonios, se congratula de que exista el Comité y realiza proposiciones para la mejora del movimiento escéptico. Organizaciones similares que han surgido en España  son la Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) y el Círculo Escéptico; en Chile, existe la Asociación Escéptica de Chile.

Randi también creó en 1996 la Fundación Educativa James Randi, organización no lucrativa, que fomenta igualmente el análisis crítico y trata de educar a la gente y a los medios de comunicación frente a los peligros de las afirmaciones no probadas. Como el propio Randi fue desafiado en el pasado por algún gurú a respaldar con dinero sus palabras, la Fundación ha llegado a ofrecer un millón de dólares a quien demuestra alguna prueba objetiva de actividad paranormal; a pesar de los numerosas solicitudes, nadie ha logrado pasar siquiera la fase preliminar (prueba que deciden previamente Randi y la propia persona que se presta al desafío). En un programa de televisión de finales de 80, llamado Exploring Psychic Powers Live!, Randi hizo una muestra de este tipo de desafíos poniendo en evidencia a unos cuantos charlatanes con poderes inexistentes. Desde 2003, la Fundación realiza un encuentro llamado The Amazing Meeting, donde se reúnen conocidas personas de la comunidad escéptica.

Desmontando lo paranormal


Sobre la homeopatía

Sobre charlatanería, en general

sábado, 21 de febrero de 2015

Memoria contra la religión

Si en la entrada anterior, nos ocupamos a nivel general de la editorial Laetoli, con numerosas ediciones que reivindican el legado de la Ilustración y critican la a religión, lo hacemos ahora con la obra que abre la colección llamada "Los Ilustrados": Memoria contra la religión, de Jean Meslier, tal vez la primera obra que puede ocuparse de un ateísmo con rasgos ya plenamente modernos.

Hay quien ha definido al cura Meslier como el padre del ateísmo. En cualquier caso, con seguridad que fue un tipo especial con una obra tremendamente original y muy reivindicable. Poco después de su muerte, fue encontrado un manuscrito dirigido a sus antiguos feligreses, en el cual hacía gala de un materialismo y un ateísmo radicales. Esta voluminosa obra fue empezada cuando Meslier contaba ya 60 años, escrita pacientemente y con gran esfuerzo por las noches y a la luz de las velas, de la cual acabaría haciendo dos copias, también en las mismas condiciones. Dos o tres años después de acabar el libro, Meslier fallece y fue su sucesor en la parroquia de Étrepigny el que encuentra el manuscrito junto un par de cartas. En la primera de ellas, dirigida a su sucesor, le ruega que sea benévolo con la obra que ha legado a la posteridad. La otra carta, algo más extensa, tiene como destinatario al cura de la parroquia vecina, al cual pide que no pierda su obra y que sirva para enseñar a las personas a las que ellos como sacerdotes suelen dirigirse. Muy pronto, se suceden los rumores provocados por aquellas primeras personas que leen la obra, y a pesar del escándalo provocado, la obra se mantiene y acaba siendo distribuida poco a poco por todo el mundo. La propia historia de la difusión de la Memoria de Meslier es ya de por sí peculiar, ya que acaba cayendo en manos de Voltaire, el cual la resume y publica para darla a conocer. Sin embargo, la síntesis que realiza Voltaire es digna de reprobación, ya que desaparece la hondura de la obra, permaneciendo solo su parte atea y anticlerical, y eliminando toda referencia al materialismo y al igualitarismo. Hay que comprender que la feroz diatriba que Meslier lanza contra la religión resulta incompleta sin la crítica hacia la injusticia y la desigualdad.

La critica a la moral cristiana, y religiosa en general, conduce a Meslier como a toda persona lúcida y honesta a la crítica política. La obra que difunde Voltaire llevó el título de Testamento del cura Meslier, y en ella se obvió gran parte de la crítica social y del contenido filosófico, aunque tuviera una gran distribución. Si reducimos la obra a un ataque furibundo al clero, olvidamos que Meslier fue una personalidad extraordinaria que apostó por un materialismo ateo, en una época en que se imponía el deísmo (del cual Voltaire es un claro exponente), y por una república libre e igualitaria (hay quien definió a Meslier como anarquista, lo cual resulta muy significativo en un tiempo en que las ideas libertarias modernas no habían nacido). Por lo tanto, el anticlericalismo solo es un parte de una visión radical mucho más amplia. Hay quien observa la intención de Voltaire de manera benevolente, ya que deseaba por encima de todo desterrar a la religión, lo cual abría las puertas a un mundo nuevo. Visto hoy, no sabemos si es posible justificar la "traición" de Voltaire; en cualquier caso, lo más importante es la reivindicación del pensamiento radical, y muy avanzado para su tiempo, de Meslier. En 1791, Holbach publica un resumen de una obra suya, llamada Sistema de la naturaleza, con el título de Le bon sens du curé Meslier (El sentido común del cura Meslier), la cual se convierte junto al compendio de Voltaire en las dos grandes referencias que legan un Meslier simplemente ateo y materialista, bien acogido por una nueva época, pero sin las importantes referencias sociales y filosóficas. No es hasta finales del siglo XIX cuando comenzará a editarse la obra completa de Meslier, aunque siempre teniendo más peso y mejor suerte la difusión del Testamento de Voltaire.

Hace pocos años, yendo ya por su segunda edición, Editorial Laetoli ha publicado en castellano la obra completa de Meslier, con el título de Memoria contra la religión. No olvidemos que fue escrita cuando el autor estaba al borde la muerte, lo cual le confiere seguramente una mayor honestidad, tanto en su negación de las supersticiones religiosas, como en su denuncia de lo que considera los males de la sociedad. Hay que ver la obra también como una confesión, teniendo en cuenta que Meslier se pasó gran parte de su vida predicando lo que él mismo sabía que eran falsedades. Aunque se dan en la obra, lo de menos son las explicaciones sobre por qué fue incapaz de romper antes con todo, y tal vez si se hubiera dado el caso su obra legada no tendría un valor tan enorme para edificar un mundo nuevo. Poco se sabe, en cualquier caso, de la vida del cura Meslier, más allá de un par de anécdotas sobre conflictos con los altos poderes eclesiásticos, y hay que quedarse con estas palabras escritas al final de su obra: "Puedo decir que nunca he perpretado un crimen ni he cometido una mala acción. Desafío a cualquiera, ahora mismo, a que pueda hacerme un reproche justamente y con motivo. Por lo cual, si me tratan injuriosa e indignamente y me persiguen y me calumnian una vez muerto, será simplemente porque he cometido un solo crimen, el de haber dicho ingenuamente la verdad. No otra cosa he hecho a lo largo de este escrito, a fin de poner a vuestro disposición, a la vuestra y a la de vuestro semejantes, un medio que os pueda ayudar a desengañaros y os pueda servir para que podáis poneros de acuerdo entre vosotros, si así lo queréis, a fin de sustraeros y libraros de todos esos errores detestables y de todos esos detestables abusos y supersticiones en los que os halláis inmersos".

martes, 17 de febrero de 2015

Laetoli, libros contra la superchería

La editorial Laetoli, fundada por Serafín Senosiaín en 2004, tiene como objetivo la edición de libros de divulgación científica con una irrenunciable lucha por los postulados de la Ilustración y una defensa del pensamiento crítico, así como el permanente deseo de combatir todo tipo de supercherías.

El nombre de la editorial es un homenaje al yacimiento de Tanzania en el que aparecieron las huellas solidificadas que demuestran el bipartidismo de los ancestros del ser humano.  Son varias las colecciones que ofrece la editorial.

"Las dos culturas" es una colección que trata de acercar el conocimiento científico a un público amplio, su título alude a la necesidad de romper barreras y de sintetizar las dos culturas (las letras y las ciencias) en una sola. Destaca entre sus títulos los de la Biblioteca Darwin, gran parte de los cuales soprendentemente no tenían traducción al castellano. La Biblioteca Bunge, también divulgadora de la ciencia de un modo amplio, posee textos corregidos y revisados por el autor que da nombre a la colección, y la mayoría de las obras tiene prólogos especialmente escritos para estas ediciones.

La colección llamada "Libros abiertos", de temática muy variada, tiene algunos títulos de carácter libertario, como es el caso de Prioridades radicales y Sobre el anarquismo, ambos de Noam Chomsky, o La revolución libertaria, de Heleno Saña; otros títulos de esta colección se ocupan de la aberración de la llamada "fiesta nacional", es el caso de A favor de los toros, de Jesús Mosterín, del ateísmo, de las terapias alternativas o de la lucha contra la homofobia, por la libertad y la igualdad social.

"Los Ilustrados" es una colección que recupera el pensamiento de algunos de los más grandes y radicales pensadores de la Ilustración, comenzando por el párroco Jean Meslier, y su Memoria contra la religión, la cual ha tenido ya una segunda edición, o de la imprescindible Diccionario de ateos, de Sylvain Marechal, de la que ya nos hemos ocupado en este blog.

La colección de provocador título, "¡Vaya timo!", compuesta de libros breves, tienen la mayor parte un tono irónico y controvertido; muchos de sus autores son miembros de la Sociedad para el Avance de Pensamiento Crítico. Los temas de los que se ocupa esta colección, de manera devastadora, son la teología, el diseño inteligente, la acupuntura, la homeopatía, la parapsicología o las pseudociencias en general, entre muchos otros.

sábado, 14 de febrero de 2015

Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos

El origen de la obra Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos se remonta a 2010, cuando Darryl Cunnigham publica en Internet un borrador de un cómic crítico sobre la homeopatía. Dos años más tarde, cumpliría los deseos de tantos seguidores y reunió, en un libro, llamado en su título original Science tales. Lies, hoaxes and scams, todas sus historias sobre pensamiento mágico y pseudocientífico. A finales de 2014, apareció la obra que nos ocupa en castellano, la cual debería ser obligatoria en cualquier sistema educativo, o divulgativo, elemental para que las personas sepan lo necesario sobre medicinas alternativas, como la homeopatía, la quiropráctica, el reiki o la acupuntura, así como sobre todo tipo de creencias y conspiraciones. 

Un nuevo libro que, frente a la numerosa superchería presente en sociedades que se dicen avanzadas en cuanto a conocimiento, y cuyos medios no paran de dar una iagmen patética al respecto, trata de fomentar nuestro espíritu crítico y nuestra inquietud verdadera sobre el mundo que nos rodea. Así lo demuestran estas palabras: “no es necesario creer en la fantasía para darse cuenta de todo lo extraordinario que hay en nuestro mundo, para percibir que la realidad nos ofrece un increíble número de cosas auténticamente fantásticas”. Cunningham no se muestra rígido ni dogmático, ni siquiera en el campo de la ciencia, y deja la cuestión abierta cuando no existen pruebas definitivas para desmontar determinadas ideas y teorías. Como se ha dicho, Cunningham tiene la capacidad de sintetizar en sus viñetas explicaciones amenas para las que otros necesitan páginas y páginas de texto. Una obra, tan limpia en sus recursos gráficos, como didáctica y amena.

Cunnigham, Darryl [2012]: Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos [Science tales. Lies, hoaxes and scams]. Prologado por Luis Alfonso Gámez. Traducción de Mara Vázquez. Léeme Libros. Madrid 2014. 208 páginas.







martes, 10 de febrero de 2015

El hombre rebelde

El concepto de "rebeldía metafísica" en Albert Camus, sacado de su imprescindible obra El hombre rebelde, haciendo un paralelismo con la rebeldía que efectúa el esclavo contra su amo, puede describirse como el  movimiento por el que el hombre se alza contra la condición en que le ha situado la creación. Contra el principio de injusticia que observa en el mundo, el hombre rebelde reclama el principio de justicia que lleva consigo y niega el poder que lo hace vivir en su condición actual. Tal y como lo expresa Camus, la rebeldía metafísica no se identifica totalmente con el ateísmo, ya que aquella desafía más que niega. No pretende suprimir la divinidad, sino hablarle de igual a igual. Una vez destronado Dios, se instaura el imperio de los hombres, aunque las consecuencias pueden ser terribles si se olvida los principios que habían inspirado la insurrección.

Al igual que ocurre con el ateísmo, no puede decirse que los antiguos ignoraran la rebeldía metafísica (ahí está el importante mito de Prometeo), aunque puede afirmarse que no aparece de forma estricta hasta finales del siglo XVIII. No obstante, recordemos que la visión religiosa de la antigua Grecia no suponía dos mundos separados, el de los hombres y el de los dioses, sino que ambos formaban parte de un todo separado solo por grados; era, pues, imposible la rebeldía contra el todo (contra la misma naturaleza). La rebeldía solo es imaginable contra la idea de un dios personal, creador y responsable de todas las cosas. Puede decirse que la historia de la rebeldía, así como la del ateísmo, resulta casi inseparable de la del cristianismo. No obstante, es en el Antiguo Testamento, con ese Dios cruel y vengativo, donde se gestarán las energías rebeldes. El Nuevo Testamento suavizará la figura de la divinidad y creará un intercesor entre ella y el hombre, Cristo, para responder a los herederos de Caín (tal vez, el primer rebelde, que actúa de forma criminal). Otras tradiciones, como el gnosticismo, han tratado de crear instancias intermedias para atenuar lo absurdo de un hombre miserable y un dios implacable. Son intentos para negar la tradición judaica y prevenir argumentos a favor de la rebelión, concediendo al hombre algo parecido a la idea griega de la iniciación, la cual deja al ser humano todas sus oportunidades. Se trataba de hacer más asequible el mundo cristiano, algo que la Iglesia condenó abonando el terreno para los rebeldes.
La rebeldía se enfrenta en primer lugar a una figura divina implacable, la cual supone la génesis del primer crimen de la historia de la humanidad. Posteriormente, autores como Dostoievski, Nietzsche y Stirner pedirán también cuentas a una divinidad (supuestamente) benévola. Se atacará entonces esa ilusión de un Dios bajo las apariencias de la moral. No obstante, antes de estos autores hay que hablar de otras ofensivas, como la de Sade, el cual recoge los argumentos de Meslier o de Voltaire. En el caso de Sade, podemos hablar de una rebeldía fundada en el no absoluto. Puede hablarse de ateísmo en Sade, como aparece en Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, aunque principalmente hace gala de un furor sacrílego. El autor de Justine posee una idea de dios como una figura criminal que aplasta al hombre y lo niega. Aunque puede intuirse en el pensamiento de Sade el deseo de una especie de república universal fundada en la libertad (identificada con el instinto sexual), las propias contradicciones de este autor libertino hacen que se traduzca de su obra no pocas veces una negación del hombre y de su moral (al igual que hace Dios). En cuestiones políticas, solo puede identificarse a Sade con el cinismo, ya que si bien se declaró en alguna obra favorable al gobierno y a sus leyes, se dispone tantas veces a violar tal adhesión. Aunque este autor detestaba el crimen legal, su propia filosofía es una reivindicación del crimen consecuencia del vicio desenfrenado. La libertad absoluta que pide Sade supone también un envilecimiento y una deshumanización llevados a cabo por la inteligencia; al margen de la calidad literaria de sus obras, el éxito de semejante filosofía solo es explicable en ciertos ámbitos diletantes y acomodados.

El romanticismo, al igual que la filosofía de Sade, es otra rebeldía nacida del mundo literario y producto de la imaginación. De nuevo hablamos de una rebeldía que olvida su contenido positivo, y pone el acento en su fuerza de desafío y de rechazo. Los románticos identifican a Dios, y su violencia, con el bien, por lo que el hombre solo puede abrazar el mal, al igual que hizo Satán. La violencia divina está en la raíz de la creación, por lo que solo es posible responder con una violencia consciente. Tal y como lo expresa Camus, el romanticismo desafía a la ley moral y divina, pero la imagen resultante no es la de un revolucionario, sino la del "dandi". Es una rebeldía que toma la dirección de la apariencia, de la creación solitaria que rivaliza con la divina. El romántico identifica su arte con una actitud, con un intento de creación moral. Afortunadamente, en épocas posteriores la rebeldía abandonará el reino de la apariencia y se dedicará al mundo de la acción revolucionaria. Desgraciadamente, ese mismo mundo se inclinará tantas veces hacia el crimen y el apocalipsis en la forma de los procesos policiales y judiciales.
Camus se preguntaba en El hombre rebelde si negar a Dios no suponía cuestionar la misma idea de la moral y la justicia. Llegamos, así, con Stirner y con Nietzsche al nihilismo, a la destrucción de la moral como última faz de Dios. No obstante, el nihilismo de Stirner se diferencia del de Nietzsche por su vitalidad y satisfacción. El autor de El único y su propiedad no se conforma con acabar con Dios, también con toda "idea eterna", estemos hablando del Hombre de Feuerbach, del Espíritu de Hegel o de su concreción histórica y política en el Estado. Dios es una enajenación del yo, y todas sus formas y todos sus profetas no son más que distintas formas para negar al "único" que "yo soy". El yo de Stirner nada tiene que ver con ningún Absoluto, se esfuerza el alemán en particularizarlo y darle forma real. La historia vendría a ser un esfuerzo para "idealizar" lo real y, a partir de Jesucristo, esa meta está lograda, por lo que empieza otra tarea, que es "realizar" lo ideal. Todo ello es para Stirner un intento de doblegar al principio único, vivo y concreto, en nombre de una serie de abstracciones (Dios, Estado, sociedad, humanidad...). Incluso, Stirner identifica el ateísmo con otra forma de devoción eterna, ya que substituye a la deidad por el culto al Estado o al hombre.

Nietzsche, al contrario que Stirner, acepta el ateísmo como "constructivo y radical", lo mismo que acepta con todas sus consecuencias el nihilismo y la rebeldía. Su rebeldía parte del "Dios ha muerto", para revolverse contra todo aquello que tiende a substituir falsamente a la divinidad fenecida y acabar construyendo una filosofía del renacimiento. Se suprime a Dios, desde luego, pero para fundar una nueva ética y valores inéditos. Camus, en El hombre rebelde, denuncia la injusticia realizada con Nietzsche por su supuesta interpretación por el nacionalsocialismo. Lo que considera que es un pensamiento "enteramente iluminado por la nobleza" ha sido pervertido hasta la extenuación gracias a un desfile de mentiras. Si el predicamento del superhombre dio lugar a la fabricación metódica de infrahombre, lo que Camus reclamaba era recuperar el grito desesperado de Nietzsche a su época: "Mi conciencia y la vuestra no son ya una misma conciencia" (algo que podemos trasladar a nuestra propia época). No obstante, es posible explicar el crimen resultante del espíritu de rebeldía, si no existe un proceso de purificación posterior. Ese proceso estaba presente en el pensamiento nietzscheano de una forma metódica; si ello se olvida, la lógica de la rebeldía acaba exaltando el mal. Dicha exaltación no estriba en derribar ídolos, sino en el "todo está permitido" (decir que sí a todo), que puede acabar consintiendo el crimen. Este consentimiento adopta también otra forma, y es cuando el esclavo acepta la existencia del amo, en lugar de resistirse al mal.
Para Camus, Nietzsche representa la conciencia más aguda del nihilismo. Gracias a él, el espíritu de rebeldía salta de la simple negación del ideal a la secularización del ideal, la salvación pasa de un terreno sobrenatural a la realidad del mundo. Esta transformación implica una dirección que tiene que ser ahora humana, Nietzsche confiaba plenamente en la evolución y en el devenir. El autor de Así habló Zaratustra no es, obviamente, un pensador libertario, aunque hay que aceptar la gran importancia de este hombre en la historia de la inteligencia y de la libertad. Dentro del proceso positivo (constructivo) de su pensamiento puede haber una lectura libertaria, que a todas luces puede hacerle más justicia que muchas otras que han acabado justificando el crimen y el totalitarismo. Nietzsche, al igual que Stirner, era tremendamente crítico con el socialismo (y la historia le dio la razón, entendiendo socialismo solo en sentido autoritario), al considerarlo una especie de visión religiosa que continuaba confiando en la finalidad de la historia. Recordaremos que el anarquismo es mucho más que una corriente socialista, y entre las autocríticas históricas que podemos realizar está este hecho reduccionista, además de la constante asunción de otras teorías emancipatorias. No podemos ni debemos arrodillarnos ante ninguna abstracción, sobrenatural o terrenal, pero tampoco ante la historia.

Albert Camus afirmó que un hombre rebelde es aquel que dice no (a alguna intrusión considerada intolerable), pero también sí (a un derecho que considera justo). En todo movimiento de rebeldía se da, de manera tácita, un juicio de valor a preservar en medio del peligro. El hombre rebelde adquiere, con su acción, conciencia de un bien (por ejemplo, la libertad) y admitirá el mayor de los sacrificios si ha de ser privado de esa consagración. Es un valor que considerará común a todos los hombres, incluido aquel que lo transgrede oprimiendo a sus semejantes: "la comunidad de las víctimas es la misma que la que une a la victima con el verdugo, pero el verdugo no lo sabe". La rebeldía nace, pues, en el oprimido, pero también puede producirse al observar el perjuicio en el otro; se trataría de una "identificación con el otro" o "reconocimiento en el otro", incluso en hombres que el rebelde puede considerar adversarios, por lo que la rebeldía va mucho más alla que la mera comunidad de intereses.
Camus consideró que el problema de la rebeldía solo cobraba sentido en el pensamiento occidental, ya que su espíritu surge solo donde igualdades teóricas encubren desigualdades de hecho. En las sociedades modernas, gracias a la teoría de la libertad política, se ha producido un incremento de la noción de hombre (debido a la práctica de aquella libertad, y de su insatisfacción correspondiente). De este modo, la conciencia acerca de sus derechos será propia del hombre informado; la conciencia del ser humano va aumentando a medida que crece su experiencia, pero la práctica de la libertad no tiene un crecimiento proporcional al de su conciencia.
En las sociedades sujetas a una tradición, en las que lo sagrado es algo fundamental, no existe problemática real con la rebeldía. Todas las respuestas están ya dadas por esa tradición y el mito ocupa el lugar de la metafísica. El hombre en rebeldía se da antes o después de lo sagrado y volcará su dedicación en una sociedad humana en la que todas las respuestas sean humanas (razonables). Toda interrogación y toda palabra son, pues, rebeldía en la sociedad humana enfrentada a la sociedad sacralizada. La rebeldía constituye, de este modo, una de las dimensiones fundamentales del hombre y una realidad histórica.
La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebeldía (la cual, a su vez, se justifica por aquella), por lo que, si se destruye o niega aquella, la acción rebelde se convertirá en criminal. Lo mismo que no puede prescindir de su valor, el cual busca para todos los individuos, permaneciendo siempre fiel a su nobleza, la rebeldía tampoco puede deshacerse de la memoria: "Para ser, el hombre debe rebelarse, pero su rebeldía ha de respetar el límite que descubre en sí misma y en el que los hombres, al unirse, empiezan a ser".

sábado, 7 de febrero de 2015

Espiritualidad

El término espiritualidad, debido a su apropiación por parte de la religión, hasta el punto que casi se confunden en el lenguaje coloquial, se nos hace terriblemente antipático. 

Y, sin embargo, merece que le prestemos atención, precisamente para desprenderle de esa condición trascendente y sobrenatural y tratar de demostrar la superioridad de lo inmanente de cara a los valores humanos y la transformación social. En el siglo XIX, en un momento en que la religión no es ya necesaria, e incluso se considera perniciosa para el devenir humano según algunas corrientes de pensamiento, el término "espiritual" se convierte en un sinónimo de humanismo y búsqueda de la perfección en todos los ámbitos de la vida. A comienzos del siglo XXI, con la permanencia pertinaz de las religiones tradicionales, que tantas veces de repliega en el fundamentalismo más reaccionario, y las necedades sincréticas de la New Age, merece la pena que reclamemos la fortaleza de una espiritualidad basada en el verdadero progreso de los valores humanos y sociales. En más de una ocasión, se acusa de falta de espiritualidad a los que, no solo rechazan la religiosidad, sino que abiertamente se muestran contrarios a ella, cuando precisamente se realiza en nombre de una concepción más poderosa de la misma. No es un debate que, más allá del loable rechazo a las instituciones religiosas y las manipulaciones teológicas, en el que podemos estar de acuerdo sensibilidades muy diferentes, resulte sencillo; sin embargo, reclamamos ese derecho a considerar la espiritualidad como inherente a la naturaleza y al ámbito humano, rechazando todo fantasía fundada en lo sobrenatural. La espiritualidad está tan contaminada por el sectarismo religioso, e incluso por el rechazo al conocimiento científico, que solo plantear la cuestión ya resulta transgresor.

El amor al conocimiento no significa reducir la vida al ámbito científico; reclamamos también con fuerza lo inmaterial, si con ello entendemos las emociones y los deseos humanos, no meras fantasías espirituales de dudosa valía. La filosofía, por encima del conocimiento científico, debe ocuparse de esa concepción de la espiritualidad basada en las aspiraciones terrenales del ser humano; del mismo modo, la racionalidad y el pensamiento crítico no pueden ser ajenas a nuestra visión espiritual, por lo que la aleja así inevitablemente de la estrechez dogmática que suele acompañar a la religiones. Con esto no quiere decirse que las personas dentro del sentimiento religioso no puedan vivir una espiritualidad basada en el fortalecimiento de los valores humanos, pero quiere invitarse con estas reflexiones a todo alejamiento del dogma y el sectarismo en el que con tanta frecuencia cae el pensamiento si abandona una racionalidad fundada en lo humano. Muchas personas, insisto, mostrarán su desacuerdo y querrán indicar la complejidad del asunto; de momento, señalaré al menos que la espiritualidad no es reducible a la religión (que, desde nuestro punto de vista no es meramente reducirla, es también distorsionarla); algunos filósofos han querido hablar en este sentido de una "espiritualidad naturalizada" (término con el que podemos estar de acuerdo). Así, puede ser ya una muestra de este tipo de espiritualidad la contemplación de la belleza presente en la naturaleza, aunque rechacemos obviamente ver un propósito oculto en ella, ya que consideramos que nos introduce en no pocos problemas. Dentro de las emociones humanas, la confianza en la amor, de un modo personal, y en la fraternidad y solidaridad, a nivel social, es otro ejemplo de la espiritualidad que nos ocupa.

Hay quien quiere ver fuerzas trascendentes, ajenas a la comprensión humana, intervinientes en el devenir humano. Aceptando lo contigente y limitado de la existencia humana, parece muy rechazable esa visión trascendente, la cual ha tenido su transposición en filosofías secularizadas. Hay quien ha querido hacer una lectura de Hegel, autor tan importante para la modernidad, como un empeño de naturalizar la espiritualidad intentando superar las religiones y toda filosofía sobrenatural. No soy ningún entendido en Hegel, y su idea de un espíritu (sinónimo, en este caso de idea) que se va desplegando y perfeccionando a lo largo de la historia (con su posterior versión materialista), se me hace francamente cuestionable. Sin embargo, esa lectura de Hegel como un intento de identificar espiritualidad con la ciencia y con la naturaleza es una visión con la que sí podemos estar de acuerdo. Del mismo modo, entendemos que la espiritualidad está estrechamente vinculada a una actitud reflexiva, lo cual no supone elaborar respuestas definitivas como han pretendido ciertas doctrinas y dogmas; esa actitud reflexiva, por supuesto, va profundamente unida a las emociones y pasiones humanas. He mencionado a Hegel y suelo recurrir a uno de sus discípulos capaz de elaborar una filosofía propia de cara a la fortaleza espiritual humana; Stirner confió plenamente en la expansión del yo individual sin ninguna abstracción o doctrina, terrenal o metafísica, que lo subordinase. Por otra parte, y como ya se ha dicho, no podemos concebir la espiritualidad sin su fuerte componente social y cosmopolita; si confiamos plenamente en el desarrollo personal, éste no es posible sin tener en cuenta al resto de los seres humanos y al conjunto de la naturaleza.