martes, 29 de diciembre de 2015

Relatos cuánticos en los límites de lo desconocido

No recuerdo muy bien qué hacía yo en aquella sala de conferencias. Tal vez, mi conciencia y mis actos se habían visto alterados por algún extraño fenómeno, y aseguro no ser proclive a consumir determinadas sustancias. El caso es que, cuando la nebulosa frente a mis ojos empezaba a disiparse, pude comprobar que me encontraba entre un numeroso grupo de seres humanos con una amplia, y sospechosa, sonrisa en el rostro. Parecía alegremente dispuestos a escuchar un ignoto discurso de una mujer de mediana edad, con una actitud no menos afable que el resto, que se encontraba ya saliendo al estrado de aquella amplia sala de conferencias, pulcra y elegante, aunque algo aséptica. Mi perplejidad, poco o nada disimulada, me distinguía de la uniformidad del resto, por lo que me forcé enseguida a esbozar una sonrisa sin demasiado éxito. La disertación dirigida a la platea no tardó en comenzar. Después de un animado saludo cercano a una arenga, se mencionó una breve y concisa descripción de la "mecánica cuántica". Vaya, ¡qué bien!, me dije esta vez ya con algo parecido a una sonrisa; se trataba de una conferencia científica, y sobre un tema para mí casi desconocido.

sábado, 26 de diciembre de 2015

A vueltas con la figura de Jesús

El debate sobre la existencia, o no, de Jesucristo ha llegado a tal punto, que uno no sabe ya qué pensar. La dos posturas extremas más simples son: unos, simplemente se muestran acríticos con la cuestión, mientras que otros resuelven de un plumazo el asunto comparando la figura de Jesús con cualquier otro personaje de ficción. El asunto está tan contaminado que uno no sabe ya qué pensar en cuanto a hechos históricos fiables, pero lo bueno del asunto es que, al menos, uno puede expresar su escepticismo sin temor a que te quemen en la hoguera (ni siquiera, metafóricamente).

Puede haber dos niveles para aceptar la existencia de Jesús: uno, además considera que se trata de un personaje divino (y no empleamos aquí un apelativo coloquial, sino que alude a que se trata nada menos que del hijo de Dios, de Dios mismo y, a la vez, miembro de una Santísima Trinidad; un guirigay considerable que ha marcado a generaciones de chavales); a otro nivel, menos ortodoxo, se admite simplemente que hubo una figura histórica llamada Jesús, y esto lo creen incluso personas ajenas al cristianismo. Incluso, la evidencia que resulta de considerar el Jesucristo de los Evangelios un mito, la acepta gran cantidad de ateos y escépticos, pero aceptando que sus enseñanzas y su moral son un gran ejemplo. Personalmente, no solo considero que se trata de una muy obvia figura mítica, con un respaldo histórico muy débil que poco tiene que ver con lo que se cree habitualmente, sino que su legado moral resulta reprobable en demasiados aspectos.

martes, 22 de diciembre de 2015

Apocalipsis navideño en el centro de Madrid

Hoy, 22 de diciembre, en una mañana en la que el frío no acaba de llegar, me asalta un grupito en un céntrica plaza madrileña. Cordialmente, me desean feliz Navidad y devuelvo educadamente el parabién, aunque con una ligera adaptación al lenguaje laico. Un escalofrío me recorre la espalda cuando observo que, no muy lejos, hay un pequeño puesto con libros y folletos en los que se mencionan de forma pertinaz a Jesús y a la Biblia. Estoy a punto de una rápida frase para desembarazarme del corrillo, cuando uno de ellos, mucho más ágil que yo, impecablemente ataviado y de voz melosa, me espeta algo así como que tengo cara de necesitar al tal Jesús. La mayor parte de las veces, hago caso omiso, y pongo pies en polvorosa. Sin embargo, ese día me siento especialmente tocabemoles.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Elecciones, buenas y malas


Ante las nuevas elecciones generales en el país, lo que ha sido la campaña electoral, con el concurso de nuevas fuerzas políticas, de los medios, y de todo quisque en general, es digno de análisis. Vaya por delante que, como ya sabrá quien tenga la paciencia de leer este blog, mi condición ácrata hace que no vote… como norma general. Esta apostilla final es porque no tengo, ni quiero tener, ninguna actitud ni comportamiento definitivos; es decir, como todo hijo de vecino, tengo convicciones, pero resulta francamente difícil que sean "absolutamente" inamovibles (o, a mi modo de ver las cosas, caemos en el delirio). Si no voto es en gran parte porque considero que es mejor la abstención, ya que al hacerlo apuntalas un determinado sistema e impides la transformación a algo mejor; esta actitud "negativa", de oposición a algo, por supuesto va pareja a otra "positiva", de construcción del tipo de sociedad que nos gustaría. Digo esto, ya que tantas veces hay que soportar comentarios, que oscilan entre la vulgaridad y la mera necedad, en los que se nos acusa a los que no votamos de "pasotismo" o de "contrarios a la democracia". Las cosas son bastante más complejas y, en mi caso, no voto porque creo en una profundización de la democracia junto a otras muchas reformas radicales (sí, hay que ser "radical" o no cambiamos nada). Dejemos, de momento, las convicciones (es decir, la "ideología", y también "creencias").

martes, 15 de diciembre de 2015

Actitudes dogmáticas


Uno de las características del ser humano es que, gran parte nosotros, afortunadamente no todos ni siempre, cree estar en la razón más o menos absoluta. Lo más paradójico de esta actitud es que el razonamiento de la persona categórica, por norma general, es que es "el otro" el verdadero dogmático. Se escuchan afirmaciones tajantes en las que pretendemos demostrar nuestra independencia de criterio, nuestra falta de papanatismo o nuestra ausencia de dogmas, sin caer en que toda esta verborrea demuestra ya una considerable dosis de dogmatismo y una nada estimable ausencia de autocrítica.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Un día de furia incrédula

Esta mañana, al levantarme temprano, no me encontraba muy "católico", por lo que decido bajar a la farmacia a ver qué me venden. Antes de poder salir a la calle, una vecina me saluda cordialmente y se congratula de la proximidad de las fiestas que conmemoran el nacimiento del "hijo de Dios". Sin que me dé tiempo a poner una excusa, aparece el hombre hindú del Primero-A y comenta que ellos acaban de celebrar su propia festividad en honor de la deidad de turno, cuyo nombre no recuerdo, lo cual explica el ameno mantra que escuché el otro día. Como la cosa se anima, se unen otro vecino marroquí musulmán, una mujer rumana de credo ortodoxo y otro señor del vecindario, que no conozco, asegurando que él no tiene religión alguna, pero "en algo hay que creer". Como uno tiene en ese momento las defensas nihilistas algo bajas, solo soy capaz de emitir un sonido indescifrable y salir huyendo.

martes, 8 de diciembre de 2015

A vueltas con la ciencia


En la filosofía posmoderna, que ya adelantamos que resulta la mayor parte de las veces un fárrago de mucho cuidado en el que no vamos a incidir, se considera que la ciencia es simplemente un “discurso” más insertado en una determinada cultura, en este caso la de los valores occidentales. Aunque resulta difícil de creer a priori que alguien considere esto como cierto, se viene a decir que el conocimiento científico viene a ser equiparable a la construcción de mitos de otras culturas, ni más ni menos válido. Frente a la afirmación de que resulta posible acercarnos a un conocimiento objetivo, nos dicen ahora que todo es más o menos relativo, resultado de una determinados prácticas sociales y políticas. Bien, esto explicaría, al menos en parte, por qué en las sociedades “avanzadas” (no repriman ustedes la risa por el epíteto) proliferan toda suerte de discursos y remedios alternativos, que nos prometen una salud y una existencia envidiables, y que se insista tantas veces en la división entre el conocimiento occidental y el oriental.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El atractivo de la necedad pseudoprofunda



Con Internet y las redes sociales, somos muy propensos a reproducir, entre otras muchas necedades, toda suerte de frases llamativas, tantas veces de manera irreflexiva. En un mundo donde priman las imágenes impactantes, más que las palabras y las ideas, es posible que estas últimas se estén convirtiendo en tan frívolas como aquellas. Los mercaderes de la pseudofilosofía y de la pseudoespiritualidad aprovechan este contexto para vendernos sus cajas de humo utilizando una bella terminología, al parecer tan seductora, para algunas personas, como irritante y digna de rechazo para otros. ¿Nuestro afán de crítica nos lleva tal vez a no discernir lo válido de lo que no lo es? Sinceramente, no lo creo. Sencillamente, nuestro escepticismo crítico nos lleva a ser intelectualmente cautos y a suspender el juicio (es decir, sencillamente a "no creer" hasta que tener una base informativa fiable). Somos así de estupendos.

martes, 1 de diciembre de 2015

Subjetividades por doquier


Las observaciones subjetivas contaminan cualquier problemática humana. Si a esto le añadimos otros muchos factores, resulta francamente difícil a priori evaluar si determinada terapia es o no válida (eso, en el caso de la medicina alternativa, no hablemos ya de otro tipo de "experiencias") . En no pocos casos, queremos ver una asociación donde lo más lógico es que no la haya; si tengo un dolor, lo más probable es que la molestia remita sin más (la consabida "regresión a la media"); sin embargo, si hemos tomado algún médicamento, o llevado a cabal determinada terapia, la asociación automática es inmediata. El mercado está plagado de todo tipo de soluciones "mágicas" para la salud, la belleza, el bienestar espiritual, en definitiva, las promesas de una vida mejor. Y cuando digo mercado, me refiero al oficial… y también al alternativo, que aspira a ser oficial, por supuesto.

martes, 3 de noviembre de 2015

Antropología y ateísmo


Un terreno interesantísimo es el estudio de la religión, y del ateísmo, desde un punto de vista antropológico. Por supuesto, existen múltiples teorías al respecto, elaborados en torno a las ideas, las estructuras sociales, las emociones o la cognición, y también teorías mixtas. Hablar de antropología de la religión es hablar de humanismo, es decir, dar respuestas a las preguntas planteadas desde una perspectiva laica y naturalista. Por supuesto, según este punto de vista, solo podemos acercarnos a la religión aceptando que son producto de la cultura y de la condición humanas, dejando de lado lo sobrenatural y las propuestas trascendentes.

Otro factor antropológico importante es el evolucionismo darwinista, la idea de que todas las formas de vida son el resultado de la selección natural. En el campo biológico parece obvio, pero lo es igualmente en la antropología cultural, es necesario buscar los orígenes y tendencias siempre a largo plazo. Valga como ejemplo el hecho de que las sociedades jerarquizadas tienden a adscribir sus sistemas morales a un mandato divino, algo que descubrimos gracias a las tendencias a largo plazo, mucho más que las sociedades más horizontales. Se dice que la adopción del evolucionismo tuvo otras consecuencias, como es la del funcionalismo; según esta teoría, se tiende a explicar las características de organismos y sociedades en función de sus efectos positivos (el ejemplo más recurrente es la explicación de la religión por favorecer la cohesión social). El tercer rasgo primordial de una teoría antropológica de la religión es la proliferación de estudios culturales comparados; desde esta perspectiva, se acepta la multiplicidad de creencias y prácticas, a veces sin un denominador común.


sábado, 31 de octubre de 2015

Determinismo social

Ya hemos hablado en otras ocasiones del "determinismo social", es decir, en palabras de Mario Bunge, la idea de que la sociedad determina las pautas de valoración y conducta; según la misma, toda tabla de valores y todo código de conducta emerge, se desarrolla y, eventualmente, desaparece junto con la sociedad en la que se inscribe. Frente al absolutismo del determinismo biológico y psicológico, el determinismo social es relativista, ya que cada sociedad adopta los valores y las normas que necesita.

Tal vez haya personas que rechacen la idea de estar socialmente determinado en aras de la libertad humana, y sin embargo resulta aún más odiosa la de un "determinismo biológico", algo que es mucho más antiguo (y anticuado, si atendemos a ciertas disciplinas). Si substituimos a Dios por la biología, entenderemos que nuestro destino esté igualmente escrito gracias a los genes, por lo que poco podemos ganar a favor de la libertad. Por lo tanto, es difíciamente discutible el hecho de que somos animales sociales y tenemos también la necesidad de comunicarnos y cooperar (o de competir, como en la sociedad capitalista, algo que solo resulta otra posibilidad social, no algo determinado). En cierto modo, puede verse como una paradoja: si hay una obligación biológica es la de vivir en sociedad (el aislamiento no es posible, lo que impide un verdadero desarrollo humano), y ésta puede poseer las características más variadas, las cuales conforman a su vez el carácter individual. El determinismo biológico tiene solo una pequeña parte de verdad, y es por eso que el determinismo social hay que verlo como relativista según las normas y circunstancias de la sociedad en que vivimos.

sábado, 24 de octubre de 2015

Las ideas permanentes en el cerebro

Michael Shermer, fundador de la Skeptics Society, editor de la revista Skeptic, columnista divulgador en Scientific American, productor de programas sobre la ciencia y autor de, entre otros libros, Por qué creemos cosas raras, es uno de los más conocidos defensores del escepticismo científico y defensor de una filosofía humanista. Su obra está dirigida, principalmente, a las personas que no resultan tan escépticos y necesitan argumentos sólidos para tener una mirada más crítica sobre sus creencias.

Por qué creemos cosas raras, publicado en 2007 (con edición española un año más tarde), y como su propio título indica, se esfuerza en desentrañar el motivo por el que las personas creen en tantas cosas extrañas. La primera parte de la obra, como puede esperarse de un divulgador de la ciencia y del pensamiento crítico, puede considerarse todo un manifiesto del escéptico; el antídoto para las supersticiones y para las falsas creencias es el pensamiento racional y el método científico. Los más variados temas, como las abducciones extraterrestres, las experiencias del más allá o los rituales satánicos, son abordados en el resto del libro. Un tema muy interesante es lo que denomina "epidemias de acusaciones", que pueden desencadenar olas de histeria y cazas de brujas; por ejemplo, el acceso por hipnosis a recuerdos reprimidos de supuestos abusos sexuales en la infancia. No podía faltar en en el libro la polémica entre creacionismo y evolución, entre los biólogos que defienden la teoría evolucionista y los partidarios del diseño inteligente.

martes, 20 de octubre de 2015

El libre albedrío


No pocas veces, se acusa a las ideas anarquistas, con las que nos identificamos en este blog también a un nivel intelectual, de tener una confianza exacerbada en una supuesta voluntad libre del ser humano, algo de entrada ya muy cuestionable, que quiere identificarse con la vieja noción de "libre albedrío"; tal posición, no solo es errónea, sino que los anarquistas clásicos hicieron ya una crítica radical a lo que se considera un concepto reduccionista proveniente de la tradición religiosa y señalaron los condicionantes sociales para el ser humano. Para abordar con cierto rigor la cuestión hay que hablar también de otro concepto, aparantemente antitético, el determinismo.


En términos generales, podemos dar una definición de determinismo como la teoría que sostiene que todo lo que ha habido, hay y habrá, y todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá, está de antemano fijado, condicionado y establecido, no siendo posible que suceda más que lo que este fijado de antemano, condicionado y establecido. Se entenderá lo importante de dicho concepto para una discusión sobre la libertad. Toda doctrina que sostenga que hay un destino ineluctable o que existe la predestinación es, como parece evidente, determinista, aunque es posible distinguir entre cualquiera de esas doctrinas y un determinismo en sentido estricto. Aunque la predestinación puede afectar a toda la realidad, tanto las ideas de destino, como de la propia de predestinación, parecen pertenecer al ámbito de las acciones humanas. En cambio, el determinismo abarca más campo, y puede hablarse del mismo en todos los fenómenos del universo. Por ello, se habla de un determinismo universal y se asocia casi siempre a la idea de causalidad que rige el universo entero. Ahora se entenderá la importancia de este concepto para la religión y para la ciencia.

sábado, 17 de octubre de 2015

Los cuatro jinetes del ateísmo

De todos ellos se ha hablado en este blog, los más conocidos defensores del ateísmo en los últimos años: Richard Dawkins (biólogo, etólogo y divulgador científico), Daniel Dennett (filósofo y científico), Sam Harris (filósofo y neuorocientífico) y Christopher Hitchens (periodista y ensayista). Durante casi dos horas, en casa del ya fallecido Hitchens, debaten de manera jugosa sobre lo humano y lo divino (nunca mejor dicho).


Para lo que prefieran leer, a continuación la transcripción de las dos horas de debate:

Dawkins: —A todos nos han acusado de ser estridentes o arrogantes, o vitriólicos, o chillones. ¿Qué piensan sobre eso?

Dennet: —A mí me divierte, porque hice un gran esfuerzo en mi libro por dirigirme a gente razonablemente religiosa y probé el borrador con grupos de estudiantes muy religiosos y de hecho el primer borrador provocó una considerable angustia. De modo que hice ajustes y más ajustes pero al final no sirvió de nada, porque aun así me llevé los golpes por ser ofensivo y agresivo, y me di cuenta de que es una situación sin salida, es un esfuerzo en vano. Las religiones han logrado que sea imposible disentir de ellas de un modo crítico, sin ser ofensivo. Juegan la carta de los sentimientos heridos a cada oportunidad y tienes que elegir: bien, ¿voy a ser ofensivo o voy a articular esta crítica? Es decir, ¿voy a articularla o me voy a callar la boca?

Harris: —Eso es lo que supone romper un tabú. Nos estamos encontrando con el hecho de que la religión se mantiene alejada de la mesa de la crítica racional de una manera formal, incluso por nuestros colegas laicistas o ateos. Ya sabes, deja a la gente con su propia superstición incluso si es abyecta y causa daño y no te pares a mirarla detenidamente.

sábado, 10 de octubre de 2015

Teología de bolsillo

Ya hemos hablado en este blog de uno de los autores más influyentes de la Ilustración, Paul Henri d'Holbach (1725-1789), Barón de Holbach, filósofo radical cuyos únicos dioses fueron la ciencia, la naturaleza y la razón; durante su vida y su obra, se dedicó a combatir los prejuicios de todo tipo: religiosos, sociales, éticos y políticos. Laetoli nos ofrece un nuevo libro de este autor, Teología de bolsillo. Breve diccionario de la religión cristiana.

Esta editorial, en su impagable colección Los Ilustrados, ya nos había ofrecido cuatro obras de este autor: Sistema de la naturaleza, probablemente el más importante de Holbach, impreso a finales de 1769, provocó poco después una gran pasión por su lectura y una enorme persecución policial y sacerdotal; a pesar de la prohibición por parte de la Iglesia, las ediciones se sucedieron una detrás de la otra; El cristianismo al descubierto, también publicado de forma anónima, en 1761, se convertiría en uno de los libros más leídos y buscados en aquel siglo; se trata, sin olvidar a Meslier y su Memoria contra la religión (que también puede encontrarse en esta colección), de uno de los primeros manifiestos radicales y abiertamente ateos de la historia, nos muestra la imposibilidad de la existencia de Dios y las contradicciones inaceptables de la doctrina cristiana y de las sagradas escrituras; Cartas a Eugenia está dirigida a una mujer que decide retirarse del mundo por motivos religiosos, por supuesto, d'Holbach decide, en lugar de aconsejarle la sumisión y la profundización en su fe, tratar de fomentar en ella la autonomía moral e intelectual base de toda emancipación, y en Etocracia alude en su título a un gobierno fundado en la moral y observamos que muchos de sus postulados filosóficos, vitales y políticos (democracia radical, igualdad, libertad individual, laicismo…) resultan de una innegable actualidad.

martes, 6 de octubre de 2015

Fisicalismo y naturalismo

Introducción al ateísmo (Michael Martin, Akal, 2010) es una estupenda recopilación de textos editada originariamente por la Universidad de Cambridge. La obra se divide en tres grandes bloques: los orígenes del ateísmo, los argumentos contra el teísmo y las repercusiones. Un glosario introductor nos recuerda algunos conceptos difusos, que seguro nos ayudan a superar los pobres lugares comunes sobre el tema en cuestión. Veamos dos de ellos, como son el naturalismo y el fisicalismo, dos posturas vinculadas al ateísmo.

Dentro del fisicalismo, puede hablarse de varias posturas, aunque con matices:
-Materialismo eliminativo: considera que no existen eventos puramente mentales, la experiencia subjetiva es una ilusión, ya lo que ocurre en la cabeza del individuo son procesos neuroquímicos del cerebro.
-Materialismo reductivo: es la teoría que defiende la existencia de eventos mentales, pero considerando que cada evento de este tipo coincide con cambios físicos en el cerebro. Teorías de los procesos mentales sobrevenidos: defiende la relación, de ser necesaria, entre el estado físico y el mental; los que suscriben esta teoría suelen considerar que las características mentales son propiedades funcionales.
-Dualismo de las propiedades: teoría que niega la existencia de propiedades mentales al margen de las físicas; se afirma que solo existen sustancias materiales y que algunas de ellas desarrollan propiedades mentales. Ya que Dios tiene propiedades mentales, y no es una sustancia material ni depende de ninguna sustancia material, su existencia resulta incompatible con toda teoría que afirme que la capacidad de ejercer facultades mentales depende en gran medida de la sustancia física. Incluso, aunque no se puedan explicar las propiedades o sustancias mentales, el teísmo está fuera de lugar si se da alguna relación entre lo mental y lo físico.

sábado, 3 de octubre de 2015

Bakashi, la fuerza vital cósmica


Como en otras ocasiones, analizamos de forma somera una terapia alternativa, que hace un excesivo hincapié en la cuestión “espiritual, la cual tiene su origen en ciertas filosofías orientales; también, como otras veces, insistimos en que seguramente nuestra ignorancia no tiene límites, pero sí queremos llamar un poquito la atención sobre lo que creemos que simplemente hay que denominar pseudociencia o ‘conocimiento obsoleto’.

Antes de indagar en esta práctica, no demasiado conocida en nuestro país, denominada bakashi, recordaremos que no se trata de ridiculizar, ni otras culturas, ni a los practicantes de ciertas técnicas, terapias o medicinas alternativas; cada uno hace lo que quiere con su vida a nivel personal, aunque sí es cierto que nos esforzamos por denunciar los intentos de manipular al prójimo, el cual debería tener los conocimientos precisos para actuar en consecuencia. Dicho esto, también diremos que tampoco pretendemos decir, ni por asomo, que la cultura occidental sea superior a otras, otro lugar común en estas discusiones, sino que el camino para el conocimiento sí debería tener un camino con ciertas pretensiones de objetividad. Si no fuera así, hablamos de otra cosa, no de conocimiento; insistiremos en que, por muy valiosa que sea la actitud personal en cada problema que se afronte, es necesario una solidez científica para curar a las personas.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Hedonismos

La palabra Hedonismo, como puede suponerse, proviene del griego: hedoné suele traducirse por "placer". Filósofos como Anaxágoras consideraban que significaba ciertas sensaciones producto de los sentidos. En la época de los sofistas (siglo V a.C.), era frecuente considerar que el placer era causado por la armonía o buena disposición de los distintos elementos del cuerpo.

Por otra parte, con hedonismo se ha aludido a un bien, ya que es considerado que el placer es el mayor bien. Ese bien puede considerarse un bienestar en sentido literal, en el sentido de la armonía o buena disposición que antes se ha mencionado. De todas formas, hay que aceptar en la historia de la humanidad que, al haber tantas maneras de entender el placer, lo mismo ocurre con el hedonismo; esa discusión sobre el término se ha producido no pocas veces en el terreno de la moral, por lo que se ha considerado también que el hedonismo es una tendencia dentro de la filosofía moral.

martes, 22 de septiembre de 2015

El ateísmo de Marx y Engels

Tanto en el anarquismo, como en el marxismo, la idea de inmanencia es básica referida al ateísmo. Hablamos de inmanencia, en términos filosóficos, cuando la actividad permanece dentro del agente en el sentido de que tiene en él su propio fin. El ser inmanente, y la inmanencia, se contrapone al ser trascendente, y la trascendencia, entendido como lo que está "más allá" de la realidad o como un principio supremo (Dios, el Absoluto, lo Uno...).

Hablamos de una visión humanista que rechaza todas las ideas religiosas y considera que la conciencia del hombre debe substituir a la de la divinidad. Para Marx, una razón totalmente autónoma tiene por objeto un mundo cognoscible apartándose en ello toda trascendencia. El anarquismo, a través de sus diferentes visiones y su evolución, posee un sentido amplio y vitalista del ateísmo. En este texto, por la importancia de estos pensadores, nos referiremos al pensamiento de Marx y Engels sobre el ateísmo.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Relativismo y dogmatismo en la historia


Indagamos esta vez en la historia de la filosofía para averiguar por qué pensamos como lo hacemos en la actualidad; para ello, nada mejor que la gran controversia entre los relativistas (favorecidos en época temprana por escépticos y sofistas) y los dogmáticos (y su idea de verdades absolutas), cuyo pensamiento se nos hace tan rechazable; ¿caemos con ello en el mero relativismo?

Lo que hoy somos y pensamos, al menos en lo que se conoce de manera cuestionable como civilización occidental, pienso que es una consecuencia de siglos de historia. Es por eso que si queremos indagar en esta controversia sobre el relativismo hemos de remontarnos a la Grecia del siglo V (antes de la era impuesta por los cristianos). En ese tiempo se iba fraguando un tipo de racionalidad bien diferenciada de la sustentada en el relato mítico, basada en la observación, la reflexión y la argumentación. Las primeras preguntas se establecían en torno a la naturaleza del mundo y su origen, hasta que Sócrates amplió las cuestiones al campo del conocimiento y de la ética (una especie de giro reflexivo hacia el interior del ser humano). En ese tiempo vivieron también los sofistas, como Protágoras o Gorgias, que consideraron que nada "es" en "sí mismo" y todo es relativo al ser humano. Según esta visión, no se puede apelar a un criterio sobrehumano para establecer una Verdad ni tampoco para solventar una controversia entre puntos de vista confrontantes. No hay ningún punto de vista que sea más verdadero que otro; según Protágoras, todos son equivalentes entre sí respecto a su grado de verdad. Es famosa la frase de Gorgias, "si algún ser existiera, éste seria incognoscible", o lo que es lo mismo, lo que conocemos no son seres, sino lo que nuestro propio conocimiento establece como seres.

martes, 15 de septiembre de 2015

Religiosidad frente a irreligiosidad

Lanzamos unas cuantas reflexiones sobre la religiosidad, citando ciertos textos primordiales y empezando en Feurbach, autor de la primera gran obra sobre el ateísmo en la modernidad; a comienzos del siglo XXI, estemos o no en una era 'posmoderna', insistimos en que el gran debate no debería ser sobre qué religión es verdadera, o más o menos buena, sino sobre si la creencia religiosa es o no perniciosa. Adivinen ustedes nuestra respuesta



Feuerbach dio la siguiente explicación sobre la religión, en La esencia del cristianismo (18419:
(…) es la inconsciente, involuntaria e inmediata contemplación de la naturaleza humana como una naturaleza otra y distinta, Pero cuando esta proyectada imagen de la naturaleza se hace objeto de reflexión, de teología se convierte en una mina inagotable de falsedades, ilusiones, contradicciones y sofismas.
Parece ser que se trata de una refutación al panteísmo como idealismo absoluto en la filosofía de Hegel. De alguna manera, como vía de escape al monoteísmo se ha querido buscar la divinización de todo (el panteísmo). Feuerbach, en Principios de la filosofía del futuro (1843) considera que todas las representaciones de Dios son determinaciones de la realidad, de la naturaleza, del hombre, o de ambos; de ello concluye que son determinaciones panteístas, ya que es panteísmo lo que no distingue a Dios de la esencia de la naturaleza y del hombre. Para Feuerbach, el panteísmo viene a ser un "ateísmo teologíco" o "materialismo teológico", ya que niega la teología, pero desde el punto de vista la misma teología; convierte la materia, que debería ser la negación de Dios, en un atributo o un predicado de la esencia divina. También considera que la esencia de la edad moderna es el panteísmo, esa divinización de lo real, de lo que existe materialmente: el materialismo, el realismo, el humanismo... De ello cabe deducir, para llegar al verdadero ateísmo, que la filosofía del futuro debe criticar esa última forma del panteísmo como despliegue lógico e histórico del Espíritu Absoluto. Feuerbach refuta a Hegel al considerar que su filosofía dialéctica nos devuelve otra determinación de la idea de Dios: la negación de la negación (la materia divinizada como negación de Dios) supone devolvernos la verdad de la esencia de la teología.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Determinismo?

Leo un texto divulgativo en el que se parte de que para explicar los mecanismos de funcionamiento de la capacidad intelectual del ser humano no es necesaria ningún "alma celestial". Naturalmente, y aclaro, desprendemos a la noción de alma de todo vínculo teológico o metafísico. También, se dice que la racionalidad no es exclusiva del ser humano, ya que las emociones y facultades de las que se jacta el ser humano están, tanto de forma incipiente como a veces bien desarrolladas, en otras especies "inferiores".

Así, el hombre sería producto de una evolución biológica y los componentes de su cerebro, en mayor o en menor medida, son los mismos que en el resto de animales; la diferente capacidad mental del ser humano sería de grado, no de clase, ya que así actúa la evolución. Todo esto parece razonable y necesario para desterrar el pensamiento trascendental y la intervención de una voluntad divina. Sin embargo, más controvertida es la aseveración, sustentada en recientes descubrimientos neurocientíficos, de que nuestros actos no están determinados por nuestra consciencia, ya que la intención razonada de hacer algo sería consecuencia de un impulso neuronal sobre el que no se tiene control alguno. La actividad de nuestro cerebro daría lugar a todo en nosotros (deseos, decisiones, percepción...) y se pone en cuestión el "libre albedrío", la voluntad propia vendría a ser una especie de ilusión necesaria para la supervivencia de la especie. Si Stephen Hawking afirmó ya hace unos años que no es necesario a Dios para explicar la creación del universo, también se pueden comprender los actos del ser humano gracias a la evolución y a las leyes biológicas.

martes, 8 de septiembre de 2015

Jesucristo ¡vaya timo!

Dentro de su impagable colección ¡Vaya timo!, la editorial Laetoli nos ofrece este título, que sostiene que la figura de Jesucristo es falsa, aunque no por ello hay que considerar que no existió.

Resulta falsa porque se ha construido, si bien con una base histórica real, en base a notables mistificaciones. Así, si bien se considera que Jesús fue real y vivió en Palestina hace 2.000 años, sus seguidores crearon un artificio teológico legendario mezclándolo con hechos reales. Gabriel Andrade se encarga primero de refutar las afirmaciones según las cuales Jesús no existió, para derribar luego las realizadas por los propios evangelistas, que son aceptadas de manera acrítica por los creyentes; finalmente, desmonta también otras aseveraciones posteriores a los evangelios con cierto peso en  los medios de comunicación.

martes, 1 de septiembre de 2015

La fuerza moral del pensamiento de Bertrand Russell

Un aspecto de la obra de Bertrand Russell muy importante, y estrechamente vinculado a la concepción libertaria como garante de una sociedad libre compuesta de individuos libres, es el de la educación. En este sentido, la educación estaría muy relacionada con la política, ya que ésta debe ocuparse verdaderamente del individuo y no quedar reducida a una mera técnica.


 Se ha dicho que tres son las cualidades principales que Russell afronta en su pensamiento educacional relativas al individuo: inteligencia, amor y valor. En un mundo cada vez más complejo, es necesario encontrar soluciones inteligentes, ya que sin ellas amor y el valor resultan estériles. Obviamente, sin amor la inteligencia y el valor resultan francamente peligrosos y potencialmente destructivos. Por último, es necesaria la valentía de caminar contracorriente y abrir nuevos senderos en un mundo donde las cualidades de la inteligencia y el amor no son suficientemente reconocidos. Russell consideró el siglo pasado que era necesaria la síntesis de estas tres cualidades para afrontar los graves problemas del mundo moderno, y hoy resulta tan o más reivindicable.

sábado, 29 de agosto de 2015

Consecuencias morales del ateísmo

John Leslie Mackie (1917-1981) fue un brillante filósofo australiano, especializado en metaética y partidario del escepticismo moral, conocido ateo y participante en jugosas polémicas al respecto. En Dios no existe (peculiar traducción para The portable atheist, recopilación de textos realizada por Christopher Hitchens), se incluye un texto de Mackie sacado de su obra El milagro del teísmo: argumento a favor y en contra de la existencia de Dios. 

Entre las consideraciones a favor de la existencia de una dios personal, o casi personal, se enumeran al menos cinco: "1) los supuestos milagros; 2) las versiones inductivas del argumento del diseño y la conciencia, tomando como 'signos del diseño' tanto el hecho de que existen regularidades causales y el hecho de que las leyes naturales fundamentales y las constantes físicas son tales que hacen posible el desarrollo de la vida y la conciencia; 3) una versión inductiva del argumento cosmológico, buscando una respuesta a la pregunta '¿Por que hay algo en lugar de nada?'; 4) la idea de que hay valores morales objetivos cuya existencia demanda una explicación adicional; 5) y la idea de que algunos tipos de experiencia religiosa pueden comprenderse mejor si los entendemos como la percepción directa de algo sobrenatural". Por supuesto, Mackie echa por tierra estos argumentos: el primero y el quinto son, de forma obvia, muy débiles, ya que pueden explicarse fácilmente en términos naturales. Por otra parte, el mundo natural explica, gracias a la evolución, la conciencia, la moralidad y el valor como actividad humana. Lo único dudoso, desde una explicación naturalista, serían las irregularidades causales,el hecho de que las leyes físicas sean las que son y de que haya algo en lugar de nada. El naturalista suspenderá siempre la cuestión de Leibniz, ¿por qué hay algo en lugar de nada?, mientras que el teísta se sentirá igualmente indefenso ante la pregunta de por qué hay un dios en lugar de nada. La hipótesis de Dios, al menos desde Laplace, resulta innecesaria desde este punto de vista sustentado en términos racionales; la reivindicación literal y fáctica de la existencia de un Dios personal no posee base racional alguna, pero los intentos posteriores de defender el pensamiento religioso, una vez liberado de sus creencias tradicionales, son señalados por Mackie como un rotundo fracaso.

martes, 25 de agosto de 2015

Occidens

Ahora mismo, en la ciudad de Pamplona, en su Catedral, puede verse una exposición llamada Occidens. Se trata de una alabanza, no demasiado encubierta, del Occidente cristiano. Propaganda burda de la Iglesia Católica, vamos.

Occidente, según la exposición, hunde sus raíces en la Antigüedad fruto de un mestizaje (Atenas, Roma, Jerusalén y el Espíritu Germánico), se construye a través de la reforma Gregoriana, en el Medioevo, y alcanza su plenitud en la Modernidad (sic). Muy apresurado es considerar que los valores occidentales son universales, algo que hay que poner a prueba, y bastante cuestionable considerar como tales la democracia (así, sin matices), la racionalidad crítica (ay, que la propaganda religiosa asegure tal cosa), el estado de derecho, los derechos humanos e, incluso, la libertad de conciencia y la solidaridad.

sábado, 22 de agosto de 2015

Librepensamiento

Es este el tercer libro, tras En defensa del ateísmo y El nacionalismo, ¡vaya timo!, del filósofo Roberto Augusto. En Librepensamiento se realiza una crítica radical a la autoridad (política, económica o religiosa) y se denuncian los males de una sociedad elevadamente inmoral y corrupta. La educación y el amor por el conocimiento, libres de toda traba dogmática, puede hacernos construir una sociedad libre y solidaria, conducirnos a la fraternidad universal.
"Solo la comprensión profunda de nosotros mismos nos conduce a la liberación de todos los errores que aprisionan a nuestra mente. Si somos capaces de ver el miedo que nos atenaza, si comprendemos lo que hay en lo más profundo de nuestro interior la angustia que nos produce la vida desaparece. Se transforma en creatividad, en el impulso para trabajar en mejorar lo que nos rodea. Entonces nunca desearemos entrar en ningún grupo para seguir los dictados de personas inmorales que se alimentan de las inseguridades de los demás. Debemos rechazar a los que en nombre de una verdad revelada pretenden ser obedecidos y adorados. Cuando vencemos al miedo el pensamiento libre es posible." (Librepensamiento, 2015).

Más abajo, se reproduce el audiolibro en youtube. Si es más cómodo, también puede descargarse en este enlace.




martes, 18 de agosto de 2015

El ateísmo de Emma Goldman

En un breve ensayo, recopilado por Christopher Hitchens en el libro Dios no existe (The Portable Atheist), Emma Goldman nos habla de su filosofía del ateísmo. Echemos un vistazo a las magníficas píldoras contra la religión, la creencia teísta y contra todo absolutismo que contiene el texto.

Con buen criterio, Goldman considera que la idea de Dios, o como se quiera denominar, se ha vuelto más impersonal y nebulosa con el paso del tiempo y gracias al progreso y a los avances en el conocimiento. Sin cortarse un pelo en su retórica, la anarquista afirma que la idea de un Dios gobernador de los designios humanos ha ido dejando paso a "una especie de estimulo espiritualista para satisfacer los caprichos y manías de todo el abanico de flaquezas humanas". Sabemos que cualquier idea que se tenga de la divinidad es una creación humana, originada en el miedo y en la curiosidad, por lo que de manera lógica esa idea se va adaptando a todas las fases del quehacer humano.

martes, 11 de agosto de 2015

Alegato contra el cristianismo

Esta obra, Alegato contra el cristianismo, del autor Michael Martin, que ya nos brindó otro impagable libro como es Introducción al ateísmo, está dedicada a la que es la religión actual con mayor número de seguidores. Obviamente, lo está de un modo devastador.

Martin considera que las doctrinas cristianas deberían estar basadas en razones epistemológicas, esto es, en lo que atañe al conocimiento al que tenemos acceso. Se descarta una adscripción por cuestiones meramente beneficiosas, tal vez con la excepción de casos muy extremos, ni por razones de fe. Naturalmente, para demostrar si lo que sostiene la religión es o no cierto necesitamos un examen riguroso y pruebas concluyentes.

sábado, 8 de agosto de 2015

La ficción del cristianismo


Es Gonzalo Puente Ojea uno de los autores que más ha indagado en las falsedades históricas que representan las religiones y en las distorsiones de la razón que han supuesto. De ese modo, la historia de Jesús la califica de "impresionante ficción legendaria", sustentada en el Evangelio atribuido a Marcos. Es lo que podemos describir como una substitución del Jesús histórico por el Cristo de la fe, algo que constituye una fractura insalvable y cuyas consecuencias llegan, desgraciadamente, a la sociedad de hoy. La apologética evangélica nos ha legado volúmenes de simplificación y tergiversación, por lo que hay que atender a los textos con sentido histórico y contextualizar en las realidades ideológicas, económicas, sociales y políticas de aquellos días para tratar de restaurar un Jesús acercado a la realidad.

Aunque es un poco triste señalar esto a estas alturas, todos nos hemos encontrado con personas supuestamente ilustradas que, de una manera u otra, aceptan los libros de La Biblia como fuentes historiográficas. Puede decirse que el Evangelio de Marcos es una obra que constituye un género literario original; aunque se refiera a determinados hechos, es obvio que debe clasificarse como un documento kerygmático (del griego kerygma, anuncio o proclamación), es decir, un instrumento para la predicación. Precisamente, a pesar de la también presente intención historiográfica de los Evangelios, los exégetas creyentes aluden a esa vertiente kerygmática para tratar de justificar las numerosas contradicciones e incompatibilidades entre los diferentes textos. Por lo tanto, el  Evangelio puede calificarse como un género literario de carácter histórico-teológico, cuyo propósito es certificar la autenticidad histórica y doctrinal de la figura de Jesús de Nazaret. Por supuesto, para realizar esa labor se subordina y adapta el soporte historiográfico a un molde dogmático, por lo que se pretende dar a conocer de una manera interesada. Estamos hablando de un texto que quiere inculcar una tesis teológica, la cual se profesa como una "verdad revelada", que tendría dos vertientes bien diferenciadas: proclamar a Jesús como heraldo del Reino de Dios y la de la Iglesia como proclamante del Cristo resucitado.

martes, 4 de agosto de 2015

Religión, dogmas y totalitarismo

Es habitual escuchar el argumento, por parte de personas religiosas (Ratzinger lo utilizó en diversas ocasiones y el nuevo pontífice, a pesar de su pelaje progre, estoy seguro que no tardará en hacerlo), relativo a que fue la ausencia de Dios la que dio lugar a los horrores provocados en el siglo XX por regímenes como el nazi o el totalitarismo. No es que merezca mucha profundización dicha afirmación, ya que no solo es simplista, también sumamente distorsionadora, pero dado que hay que tantas personas que siguen vinculando moral a religión merece alguna atención. Esto es así porque la substitución de un dogma por otro, y es posible que algunas ideologías hayan encontrado un terreno fecundo en la mentalidad religiosa para desarrollarse, es el auténtico problema.

El pensamiento, que sería fecundo de otro modo, también en el terreno moral, haya un obstáculo en doctrinas, religiosas o no, que se limitan a cambiar el objeto de su idolatría y subordinación. Que la moral dependa o no de la religión, a estas alturas, no debería ser ya ni un debate. Es más, algunas virtudes son más evidentes en personas no religiosas que se rigen por la honestidad intelectual más que por cualquier dogma. Tal y como entendía Bertrand Russell esa integridad intelectual, consiste en decidir las cuestiones problemáticas en base a una prueba o bien dejar el asunto en suspenso si no hay pruebas concluyentes. Así, este punto de vista aparece como mucho más importante que cualquier sistema dogmático y puede ser infinitamente más beneficioso.

sábado, 1 de agosto de 2015

¿Es el ateísmo contrario a la religión?

El concepto de religión es posible que surja tal y como lo conocemos en un contexto judeo-cristiano, y ahí es donde más se reflexiona sobre él. Sin embargo, habría que preguntarse qué entendemos exactamente por religión desde el ateísmo y la libertad intelectual.

William Alston menciona las siguientes características que dan lugar a la religión: (1) creencia en seres sobrenaturales; (2) diferenciación entre objetos sagrados y objeto profanos; (3) actos rituales relacionados con los objetos sagrados; (4) un código moral sancionado por los dioses; (5) sentimientos religiosos característicos (temor reverencial, sensación de misterio, sentimientos de culpa, adoración), idealmente relacionados con dioses, que suelen aflorar en presencia de los objetos sagrados y durante el ritual; (6) oraciones y otras forma de comunicación con los dioses; (7) una visión o idea general del mundo holística que incluye al individuo, y que acaba justificando la idea de que el mundo cumple un propósito general (en el que, obviamente, está incluido el propio individuo); (8) una organización más o menos completa de la vida basada en esa visión del mundo; (9) un grupo social unido por la trascendencia.

sábado, 25 de julio de 2015

Alma, cuerpo y demás

En el viejo conflicto entre ciencia y religión, uno de las controversias más importantes es la que diferencia entre un ente corporeo y otro (supuestamente) espiritual. De hecho, toda nuestra cultura está impregnada de ese dualismo, como lo demuestra por ejemplo la etimología de la palabra psique, y derivados (ningún sicólogo o siquiatra afirmará que se ocupa de cuestiones espirituales), que alude al alma humana.

El concepto del "alma" tiene un origen religioso, aunque se remonta a la Antigua Grecia con la creencia de los pitagóricos en la transmigración y en la liberación de las ataduras de la materia debido a que el alma sufre cuando está unida al cuerpo. No hace falta saber mucho de historia y de filosofía para ver un nexo entre esa concepción del alma griega, que luego influiría en Platón, y los llamados Padres de la Iglesia. Siglos después, sería Aristóteles el modelo para la filosofía escolástica y, tanto el alma como el cuerpo, pasarían a ser "sustancias". Puede explicarse que, mientras las oraciones están compuestas de sujeto y predicado, de tal manera que el primero sería algo y alguien, y el segundo su atributo, el concepto de sustancia implica que hay palabras que pueden figurar solamente como sujetos. Naturalmente, estamos ante una concepción metafísica en lo que denominamos "sustancia", cuando el sentido común nos dice que estamos hablando de algo o de alguien.

martes, 21 de julio de 2015

Los problemas que conlleva la idea de Dios

El muy combativo ateo Michel Onfray declaró una vez que la creencia en Dios se asemeja a la de pensar que Papá Noel o Santa Claus existen. Aunque estas argumentaciones resulten atractivas y escandalicen en según qué contextos, no soy muy amigo de simplificar así la cuestión. Aunque solo sea por la implicaciones que tiene la idea de Dios, no resulta muy apropiado compararla con otras supersticiones y personajes de ficción.

A lo largo de la historia, el asunto de Dios ha preocupado tanto a los filósofos que, al menos, hay que esforzarse un poquito más si consideramos señalar lo absurdo de determinadas creencias. Frente a tanto desvarío en el debate, tanto juicio intimidatorio, tanto exhabrupto y tanto relativismo posmoderno, tal y como pide Fernando Savater en La vida eterna, es bueno acudir a los clásicos de la Ilustración. Veamos qué dice David Hume, en Historia natural de la religión: "El único punto de la teología en el cual hallaremos un casi universal consenso entre los hombres es el que afirma la existencia de un poder invisible e inteligente en el mundo. Pero respecto de si este poder es supremo o subordinado, de si se limita a un ser o se reparte entre varios, de qué atributos, cualidades,

sábado, 18 de julio de 2015

Ser ateo o naturalista

Anthony Grayling es un filósofo moral británico, autor de Contra todos los dioses (Ariel, 2011), que se esfuerza en denunciar la situación de privilegio que tienen las creencias religiosas en la mayoría de las sociedades y en la necesidad perentoria de construir una sociedad basada en la razón, la reflexión y la compasión. Obviamente, según señala el autor, cada cual es libre de creer en lo que le venga en gana, pero nadie tiene derecho a reclamar privilegios por el hecho de ser devoto de una determinada religión.

Grayling ofrece una visión humanista y apuesta por el pensamiento crítico, insistiendo además en la necesidad de una coherencia entre las palabras y su significado; así, denuncia la profunda incongruencia del concepto de "ateo fundamentalista" en boca de aquellos que piden respeto, tolerancia y ausencia de crítica para sus creencias religiosas. Muy al contrario, Grayling apuesta por un ateísmo combativo, el único posible, que denuncie el infantilismo intelectual al que someten las religiones a sus fieles desde corta edad. Inculcar a los críos las diversas falsedades "en liza" (sic) de las principales confesiones es un escándalo, además de un evidente abuso infantil. Si las religiones dejaran en paz a las personas hasta ser adultas, tener conocimiento de lo que las creencias suponen, y poder sopesarlas con madurez, la situación podría ser muy diferente.

martes, 14 de julio de 2015

Coach ultraespiritual

De unos años a esta parte, hemos oído con frecuencia las palabras coach y coaching; inundan por doquier nuestra vida y parece que es inevitable caer tarde o temprano en manos de algún listillo que nos va a enseñar las técnicas adecuadas para no se sabe muy bien qué (hacer un cursillo, vamos).

Como es lógico, en una sociedad que prima el éxito (a pesar de lo penoso que resulta caer en ella, una y otra vez, en crisis de todo tipo; ¡como somos los seres humanos!), estos tipos que nos venden el adiestramiento adecuado para lograr un objetivo tienen su nicho de mercado (¡y de qué manera!). Seguramente, y solo digo seguramente, la mayoría de estos coach lo que nos venden son cajas de humo envueltas de perogrulladas.

¿Qué ocurre cuando aparece en nuestras vidas un coach que, además, asegura ser 'sanador espiritual'? Sencillamente, que una vez más logra engañar a más de un incauto ávido de una vida plena de luz y energía. Sin embargo, la cosa tiene todavía una vuelta de tuerca más: frente a la seudoespiritualidad, la ultraespiritualidad. No sé, no sé, estoy planteándome si lo que nos dice J.P. Sears pueden ser "verdades como puños". Vean y escuchen, y juzguen por sí mismos…



sábado, 11 de julio de 2015

Medicina ortomolecular

Vamos a abordar, una vez más, un pequeño análisis de una terapia, considerada pseudociencia por la ‘comunidad científica’, y promocionada como la bomba por nuestros amigos practicantes de la medicina alternativa. No, no vamos a hacer un chiste (de momento) con la palabra ‘orto’.

¿Qué diablos es la ‘medicina ortomolecular’ (también llamada, al al parecer ‘nutrición ortomolecular’ o ‘terapia de las megavitaminas’? Esta terapia se basa en el convencimiento de que las enfermedades nunca aparecerán, o irán remitiendo si ya lo han hecho, si se le proporciona al cuerpo los micronutrientes necesarios para funcionar correctamente. Como es sabido, los micronutrientes son las sustancias que los seres vivos necesitan, en pequeñas dosis, para desarrollar los procesos metabólicos y bioquímicos (yodo, hierro, vitamina A…); es por eso que, para el caso que nos ocupa, es preciso asegurarse de que contamos con ello en la proporción y cantidad adecuadas.

La gran crítica a esta práctica está en que ya existen métodos científicos para dosificar los nutrientes mencionados, los cuales sí corrigen adecuadamente las deficiencias. La gran cantidad de vitaminas y minerales que, según la medicina ortomolecular, hay que administrar al paciente puede llevar a una hipervitaminosis; por eso es señalada, al parecer, por la ‘comunidad científica’ como una terapia peligrosa. Como no podía ser de otro modo, los practicantes de esta medicina alternativa identifican a dicha comunidad con los intereses de las grandes farmacéuticas, y de ahí la crítica. Lo habitual, vamos.

La persona que acuñó el término ‘medicina ortomolecular’ fue Linus Pauling (1901-1994). Los defensores de la terapia alternativa suelen argüir que se trata de un bioquímico que recibió  por dos veces el Premio Nobel (por su profesión, en 1854, y el de la paz, en reconocimiento a su oposición a las pruebas nucleares). Bien, hay que reconocer con seguridad que se trata de un gran científico, al parecer considerado como uno de los fundadores de la biología molecular y la química cuántica, pero no sé si eso nos dice demasiado sobre lo fundado de las premisas de la medicina ortomolecular.  La respuesta es obvia, nadie por muy brillante que sea es infalible, puede caer perfectamente en investigaciones y argumentos falaces.

Pauling llegó a la conclusión de que es posible prevenir y curar las enfermedades gracias a la regulación de la concentración de las moléculas en el cuerpo humano; es decir, se administran dosis mayores o menores, según corresponda, de las sustancias necesarias para alcanzar la correcta concentración molecular (entre estas sustancias, la habitual para Pauling era la vitamina C). La correcta administración de vitamina C, variable según la persona, puede curar o prevenir, desde un resfriado, hasta la llegada del cáncer (ay).

Como en todos los casos de terapias alternativas (de lo contrario, estaríamos hablando ya de medicina científica), no hay al parecer evidencias de que la cosa funcione. Además de la hipótesis, hay que respaldarla con resultados experimentales; estos, tienen que ser repetidos por diversos investigadores y hay que tener siempre en cuenta el efecto placebo (los estudios deben ser ciegos y doble ciegos). En este enlace, se describen brevemente tres experimentos en los que se administran ciertas dosis de vitamina C y también placebos.

En algunos países, la ‘medicina ortomolecular’ tiene una gran cantidad de adeptos: seguramente, la explicación estriba en gran parte en que un gran científico la descubrió. Como hemos dicho, no existe autoridad infalible en ninguna disciplina, ni siquiera en lo científico, por lo que hay que poner en cuestión de entrada esta actitud. Volvemos a lo de siempre, que vivamos en un sistema donde los poderosos quieren sacar beneficio de todo, también de la sanidad, no supone que el conjunto de la comunidad científica esté vendida o contaminada por ello; del mismo modo, no es un argumento para que todo lo que se nos vende como ‘alternativo’ sea legítimo. Los profesionales de la ‘medicina ortomolecular’, de forma consciente o inconsciente, y como tantos otros terapeutas, son responsables si lo que nos venden no funciona. Puede haber otra explicación más para el éxito de estas terapias, y es la gran querencia que suscitan unas y otras terapias alternativas. Es posible que uno se introduzca en algún pequeño universo, de práctica de estas medicinas, y vayan apareciendo una tras otra para formar parte de tu vida.

sábado, 4 de julio de 2015

Fomentar el pensamiento crítico

Los que me conocen, ya saben que soy un pertinaz, testarudo y acérrimo defensor del pensamiento crítico (y, ojo, también autocrítico, no existe uno sin el otro), considero su falta uno de los grandes problemas de la sociedad, por lo que procuro no dejar nunca de fomentarlo. A poco que se indague, pueden encontrarse fácilmente diversos puntos que ayudan a nuestros hijos, en fase educacional, a tener un pensamiento crítico, profundo e independiente.

La verdadera cuestión, no es solo si los chavales pueden ser educados en el pensamiento crítico, es si la mayor parte de los adultos lo tiene y la respuesta parece ser negativa. Una obviedad, la educación de un ser humano no se limita a ciertos años, sino que se extiende a lo largo de toda una vida. Esto es así porque la independencia de criterio y la autonomía (por otra parte, como toda forma de utopía personal y colectiva) es algo a perseguir constantemente, sin que se alcance nunca, ya que jamás el conocimiento, como la verdad, es absoluto.

Uno de los puntos que suelen mencionarse es el "amor por el conocimiento". Efectivamente, si fomentáramos a los críos desde pequeñitos tal cosa otro gallo nos cantara. Si las personas tuvieran una base cultural sólida, tal vez no fuera tan sencillo que creyera en "pelotudeces" (es la expresión de una amiga argentina, que me hace mucha gracia); póngase en lugar de "pelotudeces" toda creencia propia (no ajena) en un bonito ejercicio autocrítico. No obstante, no parece tan sencillo, ya que existen tantos factores en juego, que el ser humano no tarda en abrazar un dogma, ya de por sí rechazable, y basado no pocas veces en información errónea. ¿Soluciones? No solo amor por el conocimiento, sino una verdadera capacidad para cuestionar todo lo aprendido, para saber lo que sigue un auténtico método científico, para contrastar, para citar fuentes sólidas, para admitir errores propios…; no es fácil, por supuesto, lo sencillo es decir que algo es así y punto. 

Ayudar a los chavales a comprender es también primordial; pero, ¿quién nos ayuda a los adultos a hacerlo? Groucho Marx decía que si tal cosa lo comprendía hasta un niño de cuatro años… ¡que nos traigan a uno! En serio, tratar de comprender el mundo que nos rodea, siguiendo un método científico (causa-efecto) requiere un esfuerzo intelectual al que la mayoría de los adulto no está seguramente acostumbrada. Profundizar en las cosas, sin tampoco enloquecer al considerar que hay una elevada dosis de relativismo en casi todo, es importante. Hay que ayudar a los educandos a comprender, y todos los somos, no solo los críos.

La argumentación y el debate nutren el pensamiento crítico. Hay que conocer las diversas opiniones en juego para tratar de comprender los diversos puntos de vista. El ser humano tiene una odiosa tendencia a defenestrar al otro creyendo que solo su perspectiva es válida, algo que hay que anular fomentando la pluralidad de opiniones, la empatía y la comprensión hacia el que es diferente. Todo esto no es solo una declaración de buenas intenciones, como desgraciadamente vemos a diario en los medios, sino que es esencial llevarlo a la práctica profundizando en los problemas sociales. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad de consumo frívola, de búsqueda del placer inmediato, que no promueve precisamente la indagación en cualquier cuestión.

La racionalidad, la búsqueda correcta de resolver un problema, es importante. Sin embargo, puede ser algo tremendamente frío, e incluso criminal, sino apelamos a los valores humanos. Es por eso que todo este pensamiento crítico, amor por el conocimiento y profundización en los problemas tiene que ir acompañada de una actitud ética que, lejos de ser algo del pasado, es más importante que nunca. No pocas veces me acusan de moralista. No me importa, los verdaderos valores humanos cuestionan, en mi opinión, lo establecido para fundar una razón y una moral con muchísimo más horizonte; aunque me aparto con ello de los objetivos de este blog, más centrado en el pensamiento crítico, siempre me gusta aclarar que no apelamos simplemente a una razón fríamente objetiva, ya que somos seres humanos y estamos también construidos en base a deseos, creencias y emociones. Desgraciadamente, son esos factores, convertidos en pasiones, lo que a veces nos llevan a defenestrar al otro, por lo que una buena dosis de racionalidad y ética, bien conjuntadas, puede combatir el fanatismo.

¿Qué ocurre con la autonomía? Otro de los factores que suelen aconsejar fomentar en la educación de los chavales. ¿Hay algún adulto que la haya alcanzado? Pues es seguramente una quimera, ya que igualmente dependemos de muchos factores para tomar decisiones y estamos, por así decirlo, inmersos en un mar de manipulación. No obstante, insistiremos, en que si cuestionamos nuestras opiniones buscando un mayor conocimiento y una pluralidad de puntos de vista, estaremos más cerca de tomar elecciones libremente. Todo complicado, pero no imposible. Ya digo, lo fácil es transitar por camino dogmático que nos suelen señalar.

martes, 30 de junio de 2015

Racionalizaciones diversas


Resulta asombrosa la capacidad para racionalizar del ser humano. Precisamente, el término 'racionalizar' lo suelo emplear muy a menudo en conversaciones coloquiales; como mi torpeza no tiene límites a la hora de expresarme, tal vez haya qué aclarar que se entiende exactamente con ello.

Muy a menudo, 'racionalizar' se emplea con la misma intención de 'razonar'. El sentido que yo le doy es justo lo contrario, al menos desde un punto de vista sicológico, tal y como yo lo entiendo. Cuando uso la palabra racionalizar aludo, en pocas palabras, a un mecanismo que ejecutamos para dar una explicación lógica a nuestros sentimientos (y los sentimientos y las creencias pueden ser una gran distorsión de la razón); es decir, acabamos convirtiendo en argumentos convincentes (para nosotros mismos) lo que puede ser simplemente una falacia originada en lo que sentimos. Es por eso que tantas veces apelo a una feroz autocrítica, ya que este proceso de racionalización nos lleva a condenar fácilmente a los demás no comprendiendo que tal vez son nuestros propios complejos y falacias los que nos conducen a seudorazonar.

Una persona especialmente vulnerable a su entorno creo que puede ser víctima inconsciente de este mecanismo de racionalización; yo mismo me considero una persona muy sensible, aunque pueda parecer lo contrario debido a mi humor cáustico (que puede ser también un mecanismo de defensa) y a una actitud permanente crítica, que raya en un cinismo bien entendido, por lo que trato de estar en permanente lucha para no racionalizar y tratar de razonar (me parece importante esta tensión permanente para lograr el equilibrio).
Lo que entiendo por razón conlleva una dosis considerable de objetividad (en la medida en que nos es posible, ya que somos inevitablemente sujetos y algo subjetivos), una apelación a la deducción lógica (buscando las lecturas más justas teniendo en cuenta todos los factores en juego) y una búsqueda permanente de los mejores medios para lograr un objetivo.

La racionalización, al entrar en juego otros factores (sentimientos, creencias, miedos…), es un mecanismo opuesto; ¿qué ocurre con la moral?, por supuesto que es un sentimiento más que otra cosa, y es bueno que hagamos cierta lectura también de ella en los procesos racionales (sin embargo, ojo con el permanente ensimismamiento, con mirarse el ombligo una y otra vez; por eso es necesario otro sentimiento como la empatía: el reconocimiento del otro y de sus sentimientos). En cualquier caso, es complicado y hay que dejar claro que uno puede creerse perfectamente racional (algo, que resulta más bien imposible) y estar racionalizando de lo lindo.

Cuando uno racionaliza, de algún modo está 'justificando' su actitud, sus creencias o sus sentimientos, dándoles una explicación presuntamente lógica. La persona cree sinceramente que su actitud es racional, por lo que no podemos hablar de hipocresía alguna, y es francamente difícil hacerle ver lo contrario. Como ya hemos insistido otras veces, no tiene mucho que ver este proceso con la inteligencia; gente inteligente puede racionalizar perfectamente sus creencias y, a la inversa, a las personas que presumen de ser cien por cien racionales (e inteligentes) se les pueden ver sin mucho esfuerzo las costuras. Es cierto que, desde la sicología, nos dicen que la racionalización es útil para no tener sentimientos negativos, pero está claro que es bueno ser consciente de ello para no ser víctimas de engaños y autoengaños, así como para indagar en todo problema.

Cuando la persona cree en Dios, o en cualquier otro concepto trascendente (póngase aquí lo que se quiera), esos mecanismos sicológicos no tardarán en tratar de justificar la creencia. Un ejemplo muy evidente, y tal vez un poco tontorrón a estas alturas, lo constituye el argumento ontológico para justificar la existencia de Dios, en sus diferentes versiones, que viene a decir que como el ser humano ha concebido a un ser de determinadas características es necesaria su existencia. En este caso, viene a ser una especie de argumentación circular de lo más peculiar. Otro ejemplo es el argumento cósmico; la complejidad y maravilla del universo justifica la existencia de una inteligencia superior.
Si se quieren ejemplos más terrenales, existen infinidad; a poco que analicemos un poquito, los resultados son sorprendentes. Por supuesto, no ayudan demasiado unos tiempos en los que no se alienta precisamente que las personas sean más conscientes y puedan profundizar en los problemas.

sábado, 27 de junio de 2015

Leyendas urbanas

Todos las hemos escuchado. No solo eso, sino que hemos conocido a alguien, que a su vez conocía a otro, que lo había visto o vivido muy cercanamente. Es increíble, pero doy fe ello. Sobre la famosa anécdota del desgarro anal de un conocido cantante, llegué a escuchar a dos personas, de dos ámbitos bien diferentes de mi vida, que aseguraban conocer a alguien que trabajaba en Urgencias de un hospital madrileño el cual había asistido al susodicho caso.

Por supuesto, el famoso artista jamás tuvo aquel accidente. La parte más morbosa, y yo creo que algo estólida, del ser humano entra en acción y está dispuesto a creer cualquier cosa; aunque, en este caso, no sé si únicamente a creer o, más grave, a aportar su propia parte al engaño fabricado. Otra conocida leyenda urbana, la del grupo La Oreja de Van Gogh y su supuesta relación con la banda terrorista ETA, algo por lo que el inefable presentador Pedro Ruiz les habría echado de su programa televisivo en plena emisión. Pues bien, en este caso llegué a escuchar de un compañero de trabajo que él había visionado dicho programa. Más tarde, descubrí que aquella persona era un mentiroso compulsivo, además de alguien tan mediocre como para aspirar permanentemente a una patética dosis de notoriedad. En este caso, no exagero, por lo que los mecanismos que llevan al ser humano a fabricarse su propia fantasía son en esta ocasión más obvios.

Puedo mencionar una tercera leyenda urbana, aunque esta vez me produce más extrañeza y sentimientos encontrados. Como he dicho, si etiquetamos a la gente de simplemente crédula, de tener una vida gris y pocos alicientes, nos es más fácil comprender que acaben abrazando ciertas cosas. Sin embargo, cuando alguien es respetablemente ilustrado, incluso con ideas avanzadas, la cosa se nos complica. Así ocurrió con cierta persona que me aseguró conocer a alguien (no estoy seguro si era un conocido directo, tal vez no) que había superado un grave caso de cáncer gracias al visionado repetido de comedias cinematográficas antiguas. Solo años después, tras haber escuchado la misma historia con algunas variantes (algo inherente a toda leyenda urbana que se precie), me di cuenta de lo muy crédulos que somos todos y cada uno de los seres humanos, sin atender a inteligencia o nivel cultural.

Recientemente, y tampoco voy a realizar más publicidad de ello con datos exactos, una conferencia impartida en un prestigioso hospital madrileño, parece haber resucitado esta anécdota o leyenda urbana de la curación del cáncer. Una médico geriatra retirada, y esto es un dato que no tiene por qué significar nada a priori (es decir, alguien con formación científica puede también acabar creyendo en bobadas) sugirió la posible curación de esta grave enfermedad gracias a la risa producida por las películas de los geniales hermanos Marx. Al parecer, la retórica presente en la conferencia abundaba en los argumentos habituales de la medicina alternativa: autosanación consciente, desequilibrio emocional junto a desarmonía corporal (ambas cosas, supuestamente muy vinculadas), espiritualidad de diversa índole, etc. etc. Esta mujer llegó a mencionar una variante de la leyenda urbana mencionada, con nombre real incluido, que la verdad ya me agota un poco tratar de comprobar si hay algo de cierto en ello.

Esta última anécdota me vale para insistir en lo que es la argumentación seudocientífica habitual de las terapias alternativas: el supuesto dominio de la mente sobre el cuerpo. Si habitualmente se insiste en la meditación, que viene a ser la voluntad adornada de alguna manera, para superar los trastornos, en este caso se ha añadido el hecho de reírse un montón. Como es lógico, la meditación (siempre tranquilizadora), así como el disfrute de la manera que sea (y los inmortales Marx son inmejorables para ello) supone ganar calidad de vida en cualquier persona, sana o no. Esto está muy bien. Sin embargo, la evidencia científica nos dice que es imposible superar una grave enfermedad únicamente con ello. Es lógico que este tipo de discursos tengan su público, pero lo de siempre, resulta una grave irresponsabilidad sostener que puedes sanar con algo que no está demostrado que funcione.

martes, 23 de junio de 2015

Lo absurdo


De nuevo, hemos recibido un considerable aluvión de e-mails y cartas, llenas de indignación, a nuestra Redacción, esta vez acerca de nuestra consideración de lo absurdo y nuestra (supuesta) tendencia de meternos alegremente con el personal y su libertad para creer lo que le venga en gana. Bien, de nuevo también nos vemos obligados a ciertas explicaciones y matizaciones. Perdón si nos repetimos, pero debe ser que este blog no deja de ser una versión minúscula del "eterno retorno" y su crítica a una visión lineal del progreso. Con seguridad, es eso.

Para empezar, recordaremos que lo que llamamos absurdo es, ni más ni menos, que lo ilógico e irracional (dicho vulgarmente, lo disparatado o estrafalario). Dirán algunos de ustedes: bienvenido sea lo extravagante en un mundo gris, aburrido, injusto (es decir, por otra parte, irracional) y tremendamente normalizador. Nada que objetar si la actitud absurda pretende rebelarse contra un mundo sin sentido y también provocar a nuestro entorno acerca de ello. Es más, esta es nuestra intención también con este blog, aunque nos revistamos a veces de un sesudo pensamiento racional y científico. Continuamos con nuestras explicaciones.

Esperamos haber aclarado que nuestra concepción del absurdo tiene, por supuesto, varias lecturas y que nuestra crítica es lo suficientemente amplia, esperamos, para que no nos acusen de ser precisamente "normalizadores" del pensamiento (la razón es, gran medida, subjetiva, pero el pensamiento racional trata de buscar cierto sentido objetivo: una aparente contradicción, que puede resolverse de manera pragmática con una verdad adecuada a unas circunstancias muy concretas). Cuando tildamos de "absurdas" ciertas teorías y creencias (vean ustedes la cabecera de este blog), no lo hacemos apelando a grandes verdades (ni siquiera, científicas), sino a un conocimiento y un progreso que se encuentran en constante movimiento y en permanente mejora, opuesto en definitiva al dogma (sea religioso, político, incluso supuestamente científico).

Precisamente, consideramos que son los que tratan de compartir sus creencias dogmáticas (y recordaremos también que esto significa meramente "rígidas" e "inamovibles", a pesar de lo que diga la evidencia sobre ellas) los que tratan de "normalizar" y buscar una unidad de pensamiento sencillamente inasumible ante lo que supone la riqueza y pluralidad de la vida. Recapitulemos, cuando consideramos absurdas las creencias lo hacemos porque pretenden reducir el pensamiento y la vida a visiones que podemos llamar cuestionables, si lo expresamente con cautela, pero ilógicas e irracionales desde una visión algo más profunda. Es cierto que, si nos ponemos trascendentales, puede verse la vida como carente de sentido (en nuestra opinión, precisamente por los problemas dogmáticos que estamos denunciando), pero la respuesta no es abrazar un nuevo dogma, sino otorgarle sentido con una visión amplia y plural de la existencia.

Si buscamos un parangón filosófico (de andar por casa, ya que nuestros métodos son modestos), lo hallamos en la visión existencialista. Estos filósofos parecían conscientes del absurdo de la vida, se asomaban al abismo de la nada (la ausencia de Dios o como queramos llamarlo) y solo hallaban angustia. Frente a esta visión, otros pensadores como Albert Camus, que recorrían un camino similar al de los existencialistas, consideraban que la respuesta era otorgar un sentido a la vida precisamente desprendiéndonos de todas esas tareas y creencias absurdas (ya saben el mito de Sísifo: subir una y otra vez la misma piedra a la cima) fundando la experiencia realmente humana, con todo lo que ello tiene también de subjetivo.

Otro ejemplo que nos viene a la memoria es el de la gran obra de teatro sobre el encuentro entre un Descartes, ya mayor, pero humanista, racionalista y de gran vitalidad, y el joven Pascal, de gran genio e idealismo, pero de un dogmatismo ávido de reformar a los demás. El veterano Descartes niega su apoyo a las renovadas ideas de Pascal, opuestas aparentemente al poder imperante, ya que considera que pretende fundar un nuevo sistema similar o peor al establecido. Lo consideramos inmejorablemente expresado. La respuesta no es oponer un nuevo dogma (aunque se disfrace, tantas veces, de pensamiento científico, igualmente rígido y absurdo) a las carencias e injusticias de lo establecido, sino tratar de abrir mucho más el conocimiento y la experiencia a una vida que tratamos de vivir plenamente sin fantasías trascendentes.