martes, 28 de enero de 2014

Homeopatía o el recordatorio de la nada

¡Ay, la homeopatía! Mostrar una permanente crítica frente a esta seudociencia, quizás más que cualquier otra, suele costar más de un disgusto dialéctico; en el mejor de los casos, ante la reiterada apelación a la sugestión y el efecto placebo como explicación de los (reducidos, no nos engañemos) casos que funcionan, se nos espeta algo así como que no se puede juzgar lo que no se entiende. ¡Acabáramos! Quieren explicarse, entonces, los (supuestos) efectos beneficiosos de la homeopatía como algo ininteligible y esotérico. Y, sin embargo, la propuesta homeopática es fácil de comprender hasta para un niño; ¡que me traigan a un niño!, parafraseando al genial Groucho. Estamos muy de acuerdo con los científicos que definen la homeopatía, simplemente, como una mala praxis; según nuestro entender, no hay más que rascar.

Para explicar brevemente los principios de esta terapia alternativa, vamos a reducirlos a tres leyes fundamentales: la ley de similitud o analogía, según la cual al paciente hay que administrarle un medicamento que provocaría en un individuo sano los mismos síntomas que padece el enfermo; la ley de infinitesimales, que explica cómo a través de la "dinamización" y diluciones sucesivas las propiedades de la sustancia curativa aumenta su efecto; por último, la ley de individualización, según la cual hay que administrar a cada enfermo, en la medida que su sintomatología es única, un tratamiento particularizado. Las dos primeras leyes carecen, de forma obvia, de base científica; respecto a la tercera, vamos a decir por ser suaves que presenta contradicciones. Es necesario aclarar que la homeopatía resulta inocua; su (supuesto) principio activo, de tan diluido que se presenta, resulta inexistente; esta terapia complementaria, que se promueve ampliamente en determinados ámbitos y cada vez las venden en más farmacias, quiere verse como una alternativa a la medicina moderna y científica. Bien, señalemos en primer lugar la gran responsabilidad de los que comercian con medicamentos al vender unas pastillas prácticamente vacías, sin principio activo alguno. La industria homeopática, con sus obvias limitaciones, se ha convertido  también en un negocio; precisamente, uno de los (seudo)argumentos reiterativos  de practicantes y consumidores de terapias alternativas es que la medicina convencional está en manos de las grandes compañías farmacéuticas, las cuales buscan el beneficio económico por encima de cualquier intención humanista benefactora. Y digo seudoargumento, no porque esto no sea cierto, que lo es lamentablemente en un sistema económico desprovisto de ética humanitaria, sino por la grave distorsión que supone derivar la discusión hacia otro terreno; es decir, aquellos que priman el beneficio económico sobre la investigación de lo que funciona o no en medicina están haciendo, ni más ni menos, una mala gestión, una manipulación descarada al igual que los numerosos charlatanes del mundo alternativo  (que, dicho sea de paso, tienen muchas semejanzas con aquellos, ya que también suelen buscar el beneficio crematístico).

Esperamos que haya quedado claro el asunto, estamos hablando de lo que posee o no una base científica en la medicina, es decir, de aquello que proporciona, o no, resultados; a priori, nos resulta mucho más subversivo tratar de demostrar ciertas verdades científicas, lo cual es independiente de que los poderosos traten de preservar sus intereses de una manera o de otra, que simplemente buscar refugio en un mundo alternativo de lo más cuestionable. Que a aquellos que cuestionan, con argumentos sólidos, algunas de las propuestas delirantes de lo que quiere presentarse como “alternativo” se les quiera ver como mercenarios a sueldo de las grandes compañías es otra de las actitudes rechazables que surgen de determinados ámbitos; además de algo mezquino, acusar sin más, insistiremos en que eso no es un argumento que legitime nada de lo alternativo. Como resumen de esta extensa digresión que hemos realizado, dentro del capítulo dedicado a la homeopatía, quiero dejar claro que ciencia solo hay una, la que demuestra su eficacia; ergo, medicina científica también; aquello que se suele etiquetar como “alternativo” o “complementario”, si funciona, debe dejar inmediatamente  de serlo e incorporarse a la medicina, llamémosla, convencional  (aunque, claro está, susceptible de evolucionar y ser mejorable); esta cuestión es independiente de la mala gestión y de la manipulación que puede producirse en un sistema que busca, sobre cualquier otra cosa, estamos muy de acuerdo, el rendimiento económico.

Hace unos años, la MSS (Merseyside Skeptic Society) llevó a cabo una divertida campaña para denunciar la falacia de a homeopatía; se organizó un suicidio colectivo determinado día, consumiendo gran cantidad de productos homeopáticos, para sensibilizar a la opinión pública sobre la ineficacia de estos tratamientos. De las numerosas personas que llevaron a cabo esta iniciativa, solo hubo que practicar un rápido lavado de estómago a una pequeña cantidad; es broma, no paso absolutamente nada, ya que los productos homeopáticos no producen ni efectos primarios ni, como es lógico, secundarios. Los argumentos contra la homeopatía  son rápidos y efectivos; sin embargo, los tópicos se suceden, una y otra vez hasta el hastío, para tratar de legitimar su uso. Si uno de ellos, como ya hemos apuntado anteriormente, es que existen profesionales convencionales de la medicina que recomiendan su uso, hay que recordar que también en esta profesión existe gente incompetente y no demasiado honesta. Otro ejemplo recurrente de mala praxis científica son aquellos médicos que prescriben antibióticos para paliar el resfriado, a pesar de que se sabe que son ineficaces e incluso contraproducentes a largo plazo. En lugar de elegir el camino más fácil, que suelen ser pastillas supuestamente milagrosas, se debería enseñar a las personas cómo tratar su propia enfermedad; este camino fácil lo adoptan las grandes compañías farmacéuticas, las cuales están deseando vender sus productos, pero pongamos en su lugar a ciertos terapeutas alternativos; cambian los actores, pero el juego manipulador es el mismo. Una actitud profundamente subversiva y antiautoritaria es tratar de desmontar falsedades, vengan de donde vengan; el efecto placebo, que posee como demostraremos en otro texto cierta complejidad, es aplicable también a otros ámbitos de la vida en los que las personas son engañadas por toda suerte de charlatanes y mercachifles. No decimos que todos los terapeutas alternativos sean de esta calibre, ya que los mecanismos que intervienen en la aceptación de según qué cosas son complejos, pero consideramos nuestro deber cuestionar y denunciar lo que consideramos una mala praxis. La realidad es que la homeopatía, gracias a los ensayos imparciales, no posee más beneficio que un efecto placebo; esta terapia alternativa, como muchos otras, resulta inocua en su praxis, a lo que se une para explicar su permanencia el gusto que tenemos los seres humanos por tomar pastillas que les aseguren que les van a curar; la mala experiencia en la medicina convencional, algo lógico dado el desastre de sistema que vivimos con su mala gestión de una medicina verdaderamente científica junto a la necesidad de un trato humano y particularizado al paciente, es posible que ayude bastante a que muchas personas recurran a estos remedios alternativos tan peculiares.
Para el que tenga tiempo e interés, en la entrada de Wikipedia de la homeopatía, puede encontrarse abundante información y enlaces.

sábado, 25 de enero de 2014

Maestros espirituales, gurús, charlatanes y otras gentes de mal vivir

Como vamos a empezar a soltar un poco de bilis, sin perder por supuesto el sentido del humor, y cualquier cretino puede poner una demanda con la más peregrina excusa, vamos a evitar en este capítulo mencionar nombres propios; el lector avispado reconocerá rápidamente a algún conocido escritor de obras con cierto éxito de ventas.

Directamente relacionado con el tema de la New Age, proliferan en la actualidad una serie de fulanos que insisten en la fuerza de la espiritualidad y en el poder de la mente y, especialmente irritante, es que lo hagan a veces con el subterfugio de cierta “base científica”. El intento de fusionar conocimiento científico con algunos elementos de exóticas religiones no es nuevo, se produce al menos desde la década de los 70 del siglo XX; es creíble que si se tiene suficiente imaginación, y verdaderas ganas de manipular, seguro que se encuentran algunos puntos en común entre, por ejemplo, la física cuántica y algunas corrientes místicas orientales. La cuestión es que el subterfugio “cuántico” se encuentra ahora muy presente en algo que es ya bastante antiguo; la idea de que la materia es una mera ilusión de la sique. Si vinculamos, como ya apuntamos en el apartado anterior de la New Age, misticismo con medicina, vemos la insistencia en el poder curativo de la mente; la manipulación espiritual de las personas está asegurada y también el enriquecimiento material de estos maestros de pacotilla. Uno de éstos conocidos gurús ha llegado a afirmar que su fuerza mental, a través de la meditación, llegó incluso a provocar en parte alguna catástrofe natural como un terremoto; que este tipo siga teniendo prestigio, y no se le denoste sin más, es un síntoma de los tiempos que vivimos.

Recordemos algunos de los rasgos de la New Age: el gregarismo propio de las viejas comunidades esotéricas ha dejado paso a la subjetividad y particularismo de esta “nueva espiritualidad”. Así, estos modernos gurús espirituales es raro que mencionen la palabra religión, su énfasis es más secular e incluso adoptan cierta terminología “científica”; por supuesto, la medicina convencional  pasa a ser anatema y solo ellos portan la “verdad”. En este aspecto, insistiremos en que una cosa es la mala gestión de nuestros deficientes sistemas sanitarios y otra muy distinta es la validez de una medicina científica (es decir, que funcione, que contribuya de verdad a sanar al enfermo); por otra parte, es curioso que se suelan denunciar los intereses de las grandes compañías farmacéuticas, las cuales manipulan por doquier para vender sus productos (algo rigurosamente cierto), y no se haga con tanto énfasis con todos estos charlatanes espirituales y con la industria alternativa que se ha ido creando. Son mecanismos manipuladores, dentro del sistema capitalista y de la sociedad de consumo, que hacen que no sea tan fácil a muchas personas discernir entre lo que es información rigurosa del burdo engaño; existen tantos problemas en nuestras sociedades, de todo tipo, que aquellos sinvergüenzas que prometen “bienestar físico, emocional y espiritual” se colocan en una situación ventajosa para lucrarse. Así, afirmaciones disparatadas cobran un inesperado vigor si se encubren con conceptos científicos; el mencionado empeño de fusionar alguna medicina exótica con la física cuántica ha llevado a algún gurú a hablar incluso de curación del cáncer (tema recurrente en algunos terapeutas alternativos, por nuestra propia experiencia). Lo que tiene que hacer el paciente, según estos fenómenos, es “saltar” a un nivel de conciencia que impida la existencia de la enfermedad, un “salto cuántico”; no es ninguna metáfora, terapias donde se mezclan determinados productos herbarios con una buena disposición de ánimo de la víctima deberían provocar la “armonización” o “equilibrio cuántico” en un nivel de consciencia superior. Es algo simplemente de sentido común que las personas más felices y optimistas están en una mejor disposición para una salud más óptima y una mayor esperanza de vida, pero buscar a eso una explicación en la física es algo simplemente ridículo. Es tan sencillo como que no existe vinculación entre la mecánica cuántica y la conciencia, algo producto de una desmesurada y/o inescrupulosa imaginación metafísica.

Con todo el respeto posible para las diversas culturas que ha desarrollado el ser humano, todos, absolutamente todos los elementos que las componen son susceptibles de ser criticados y puestos a prueba si de verdad creemos en el progreso. En las culturas orientales, han existido maestros espirituales, al igual que en Occidente, y el concepto de gurú puede ser muy respetable para personas respetuosas con sus propias tradiciones (como es el caso de la India); no obstante, como tenemos una concepción del sentido del humor muy amplia, tendemos bastante al cachondeo (y, no podemos evitarlo, también con cosas que la gente considera "sagradas"; aquí es donde se pone a prueba la verdadera libertad de expresión y, lo sentimos, que la gente se ofenda es solo secundario). Como ya queda claro a estas alturas, algunos de nosotros (grosso modo, hablo de Occidente) somos bien poco respetuosos con muchas de las tradiciones de nuestra propia cultura, ya que la gran organización "espiritual" es  una institución eclesiástica totalmente anacrónica, con un jefe supremo que dice estar en comunicación con un ser sobrenatural todopoderoso (el de ahora, es epidérmicamente "progre", pero no menos absurdo) y con toda una caterva de miembros del clero, que son nuestros propios "guías espirituales", en supuesto contacto con una realidad trascendente y bien dispuestos a manipular los miedos y deseos de las personas; todo absurdo, muy absurdo, e insistiremos en que resulta obligado que esté sujeto a una severa crítica racional sin subterfugios de ningún tipo. Decimos esto, ya que como tenemos que aguantar a nuestros propios "gurús" de la civilización judeocristiana, no podemos ser menos críticos con otros aspirantes a maestros del espíritu importados de otras culturas, presentados tal vez con una visión existencial algo más amplia que nuestra inefable Iglesia Católica, pero igualmente asimilados por unos cuantos mercaderes con pocos escrúpulos (en esto, también se parecen todas las culturas, todas están dispuestas a sacar beneficio crematístico).

Por lo tanto, maestros de todo tipo, como expertos en alguna materia, existen en todas las sociedades (y aquí el asunto es más amplio, ya que también entra en juego un conocimiento humano con mucho horizonte), pero la cuestión pasa por varios puntos: uno, es el grado de influencia que ejercen esos fenómenos sobre los más desvalidos y/o incautos erigiéndose en auténticos conductores espirituales, morales e incluso físicos (algo que rechazamos y denunciamos a todas luces, ya que consideramos que el objetivo es la autonomía en todo ser adulto y desarrollado); otro asunto es la validez de lo que nos están "vendiendo", como es el caso de disparatadas teorías sobre el poder síquico o sobre una realidad sobrenatural sin ningún sustento científico (insistiremos en que si hablamos de acceso al conocimiento y de verificación de la realidad, con todos los matices que se quiera, es el método científico el que mejor nos coloca para todo ello, y es algo que debería ser patrimonio de toda humanidad); por último, algo que ya hemos apuntado, es el grado de honestidad del maestro de turno, no tanto si de verdad desea el bien de su discípulo, paciente o víctima (ya que no negamos que puede buenas intenciones en los partidarios de las más disparatadas teorías), sino si de verdad transmite un conocimiento sólido, si aplica un espíritu crítico al asunto (y, ojo, autocrítico, algo que consideramos esencial para toda actividad humana), si no se reclama él mismo una especie de "ser superior", en contacto con una realidad que le es ajena al común de los mortales, y si el objetivo final del proceso es que la persona sea autónoma y goce de buena salud, física e intelectual (en ciertas terapias, con algún elemento místico de por medio, no deja de crearse una gran dependencia y el fin del proceso no termina de estar nunca claro).

Nos hemos puesto demasiado serios al final, y habíamos prometido algo más de humor. En definitiva, llegamos de nuevo a un punto en el que hay que tener en cuenta los (muchos) problemas que tenemos en las sociedades industriales y de consumo (que denominamos "avanzadas" en un notable ejercicio, esta vez sí, humorístico), en las (muchas) teorías descabelladas que proliferan por ahí y en los individuos con mucho delirio, y tal vez con pocos escrúpulos, que se erigen en "sanadores" de todo tipo de males. Como, de momento, no podemos solucionar los profundos males e injusticias sociales, ya que ello requiere medidas radicales de diversa índole (entre ellas, tal vez una "espiritualidad" sólida sin ningún elemento delirantemente sobrenatural), tratamos de provocar que la gente esté mejor equipada para enfrentarse a toda esa colección de "maestros espirituales" de diversa condición; en definitiva, que seamos menos papanatas, algo que no es ningún insulto, sino un sinónimo de credulidad, una tendencia que se manifiesta en el ser humano hasta situaciones irrisorias. Esa credulidad nos lleva a veces a querer ver algo que, con seguridad, no existe; la realidad no es simple ni maniquea, ni hay verdades trascendentes e irrefutables a las que podemos acceder por ninguna vía. Mucho menos, ese acceso se produce mediante un clase mediadora, adopte el nombre que adopte (sacerdote, pastor, guía, líder, maestro, director, gurú…); tampoco existen seres inmaculados, tipo santones, ya que el ser humano es complejo y puede resultar admirable en algunos aspectos y rechazable en otros, por lo que no existen simplistas procesos lineales en los que simplemente se camine hacia la perfección y la sabiduría absolutas. 

miércoles, 22 de enero de 2014

¡Llámalo energía!

Este va a ser un apartado más que jugoso para nuestro blog y, con seguridad, protagonizará varias entradas. Las llamadas terapias energéticas, o que podemos decir que tienen su base en la energía, es uno de los principales tipos de medicina alternativa. Como en todas estas, excepto aquellas que hayan terminado formando parte de una visión amplia de la medicina (lo que podemos llamar “ciencia” o, simplemente, que funcione), los beneficios obtenidos son inexistentes más allá de la sugestión y del efecto placebo (dedicaremos a ello también su espacio).

Las terapias de energía emplean, principalmente, dos fuentes: las llamadas terapias del biocampo, las cuales sostienen que existe un campo de energía  que rodea y penetra en el cuerpo humano (por supuesto, no hay ninguna evidencia de que exista tal cosa, estamos de nuevo en un absurdo); en segundo lugar, están las terapias bioelectromagnéticas o magnoterapia,  que aseguran utilizar beneficiosamente los campos electromagnéticos.
Vamos a referirnos en primer lugar, brevemente,  ya que no hace falta mucho recorrido científico e intelectual,  a la magnetoterapia , que también recibe los nombres de magnoterapia o imanoterapia.  Como resulta obvio, nos encontramos con otra seudociencia de tomo y lomo, ya que no está demostrado que la exposición a campos magnéticos tenga efectos beneficiosos más allá de nuestro recurrente amigo el efecto placebo. No obstante, algunas personas recurren a este remedio alternativo  tratando de renunciar a los analgésicos, ya que se trata de un recurso sencillo y sin efectos secundarios para (supuestamente,  y trataremos a partir de ahora de no gastar el uso de este adverbio) aliviar el dolor muscular o articular. Recordemos una de la principales máximas de este ensayo, que refuta ingeniosamente, de manera sencila y efectiva, una de las simplezas argumentales de los defensores de la medicina alternativa: “Si no hay efectos primarios, cómo diablos va a haber efectos secundarios”.
Caso aparte merecen las llamadas terapias del biocampo, entre las que se encuentran el reiki, el chi kung, la cristaloterapia, el toque terapéutico  o la radiestesia, entre otras lindezas alternativas algunas de ellas de exótico origen y milenaria tradición (ojo, en Occidente también hay ciencia y técnicas terapéuticas totalmente obsoletas).  Antes de analizar algunas de estas terapias, las cuales se basan en el fondo en lo mismo, nos gustaría decir algo sobre la cultura oriental. Aunque, de forma obvia, muchas de estas terapias alternativas nacen en la modernidad, o se adaptan en Occidente en base a creencias orientales tradicionales,  alguna de ellas tiene un claro origen religioso (para nosotros, como ya habrá quedado claro a estas alturas, eso supone oler ya a chamusquina); en cualquier caso, la línea de separación entre medicina y religión, en los casos que nos ocupan, es muy fina y hay que hablar claramente  de “creencias”. Uno de los casos más evidentes es el del chi kung, que bebe de las tradiciones budista y taoísta asegurando tantas veces ser un método para alcanzar un mayor (y, por ser suaves, más que cuestionable) estado de “iluminación” y “espiritualidad” (con todo lo que tienen estas palabras de ambiguedad y polisemia, lo cual se traduce tantas veces en que nada significan sin un sostén mínimamente racional). Es decir, no negamos que el chi kung, o cualquier otra terapia en la que estén implicados el ejercicio físico y el control de la respiración, pueda resultar beneficiosa si no entramos en objetivos terapéuticos  concretos; sin embargo, y ocurre casi siempre, cuando alguien te viene con una metafísica de baratillo basada en la “regulación energética”,  pues nos echamos a temblar y encendemos todos los pilotos del escepticismo para que nuestro “iluminado” interlocutor lo perciba con toda claridad (nosotros somos así y así nos expresamos).

En el caso de alguna medicina alternativa muy simple, como el es caso de la cristaloterapia o gemoterapia,  nos encontramos con el uso de algunos elementos naturales, como cristales o piedras “curativas”, para regular la energía del personal. Sin embargo, y como tenemos que tirar de alguna cultura milenaria o hipótesis seudocientífica de andar por casa, se recurrirá en este caso a los chakras y al aura (que viene a ser un trasunto místico de un campo electromagnético o lo que la ficción fantacientífica  más comercial ha denominado en el cine “la fuerza”). Los chakras, que dan mucho juego en este divertido universo alternativo,  son centros de energía  que se localizan en el cuerpo humano, pero que nadie sensato ha localizado todavía; esta creencia hunde sus raíces en el hinduísmo y, según algunas corrientes, son seis; según otras, siete (según nuestro criterio, tal vez una o ninguna). Sobre la palabra “aura”, que sufre como tantas otras de anfibología , no consideramos que merezca la pena extenderse demasiado; como los chakras, pretende ser una energía o radiación, que en este caso rodea el cuerpo humano, fundada en la imaginación o en la praxis seudocientífica de algún investigador de lo paranormal.
Hay un cierto número de personas que practican el reiki, tal vez una de las terapias “energéticas” más conocidas. Entre nuestras experiencias al respecto, hay que destacar una que, a pesar del evidente rechazo escéptico que destilamos, tuvo una coletilla final que nos pareció muy razonable; después de explicar el rollo de la sanación a través de la imposición de manos canalizando lo que llaman algo así como “energía vital universal”, dijo: “bueno, si quieres creer en esto”. Decimos que nos gustó el comentario, ya que quedó claro, en la explicación de esta persona, que se trata de una cuestión de “creencia”; sigue dando un poquito de apuro recordar que no hay evidencia alguna para pensar que existe una energía universal, y que además pueden utilizar las personas para sanar al prójimo. Recordemos la muy divertida canción de Joaquín Sabina, “Como te digo una co te digo la o”, en la que una maruja diserta sobre múltiples cosas, entre ellas las religiones (“Ponme una de cada, que están rebajadas en El Corte Inglés”) y, asegurando que “es de cajón que algo tiene que haber", llega a afirmar: “Llámalo equis, me parece bien. Llámalo energía,  mejor todavía”.

Como ya hemos insistido, la línea de separación entre las terapias alternativas  y algo parecido a una religión (dogmas, al fin y al cabo, no sujetos a crítica alguna) es tremendamente delgada. Desgraciadamente, muchos otros practicantes de estas terapias han adoptado una actitud  defensiva e infantil ante el escepticismo  y la consecuente actitud crítica; nos gustaría decir lo contrario, pero de nuevo topamos con gente (supuestamente) racional e inteligente, que parece haber sido invadido por alguna suerte de virus de lo absurdo y alcanzado otra certeza absoluta e irracional (¿no lo son todas?). Insistiremos en lo necesario del conocimiento para afrontar cualquier situación en la vida y los subterfugios que emplean tantas veces los charlatanes de según qué terapias; la jerga científica, mal empleada, está entre ellos, como es el caso del término "cuántico" o la apelación a leyes de la termodinámica para querer justificar lo injustificable. Hasta aquí hemos llegado; es con estas cosas que te das cuenta del fracaso de la ciencia como herramienta liberadora en eso que llaman la modernidad. Si alguien trata de vincular con gratuidad y alegría una ley científica con un concepto místico de lo más elemental,  pues uno no sabe ya a qué atenerse. ¿Es atribuible el éxito de todo suerte de teorías místicas y mistéricas simplemente al desconocimiento? Creemos sinceramente que no, la sociedad y los seres humanos tenemos demasiados problemas y el asunto se convierte en más complejo, a pesar de que ya hemos dicho que no viene mal un poquito de cultura científica; al menos, con ello la gente no se embarcará en un batiburrillo seudocientífico de lo más penoso. En el caso que nos ocupa en el texto de hoy, es posible que ni siquiera merezca la pena hablar de seudociencia; recordemos al bueno de Bertrand Russell y su concepción de “hipótesis falsable”: si Dios no lo es, ya que no es posible demostrar su inexistencia, la idea de la existencia de una “energía vital universal” no entra tan fácilmente en esa categoría y puede ser refutada hasta por un escolar.
Cuando mencionamos las terapias energéticas, entre las que están las llamadas de “toque terapéutico”, algunas de estas personas que las imparten aseguran ser capaces de curar a un paciente a veces incluso sin tocarlo, ya que están dotados del don de detectar la consabida “energía vital” y de manipularla beneficiosamente. De acuerdo, si tenemos la imaginación y las tragaderas de aceptar que existe esa energía, puede que ya abramos la puerta a (casi) cualquier cosa; un motivo más para rechazar de raíz estas teorías peregrinas. Recordaremos una frase que, con seguridad y que nos disculpe el dueño de la cita, será recurrente en este blog: "Si la gente cree en cosas absurdas, es muy posible que acabe haciendo cosas absurdas".

sábado, 18 de enero de 2014

New Age: ha llegado la Era Acuario

Vamos a dedicar hoy nuestro blog a la New Age o Nueva Era, debido a que este concepto irrisorio y grotesco puede que explique en cierta parte, muy a nuestro pesar, algunas de las situaciones inenarrables que vivimos en sociedades que consideramos “avanzadas”.

La Nueva Era tiene que ver con la astrología y se ha querido definir como un movimiento espiritual, lo cual ya de entrada nos da una idea de a qué nos enfrentamos; viene a significar que cuando el Sol pasa una era por cada uno de los signos del zodiaco, grandes cambios vienen a afectar a la humanidad (incluida, debe ser, la capacidad racional e intelectual de las personas). Respecto a esto último, algunos sesudos “expertos” quieren explicar el renovado interés por la magia, la brujería , y por lo esotérico en general, en base a que ha llegado esta nueva era y, como dijimos anteriormente, ha afectado notablemente a la conciencia del personal (y deberíamos decir también a su sensatez).  Vamos a hacer un paralelismo entre la New Age y lo que otros sesudos expertos, esta vez al menos con cierta formación en filosofía, denominan posmodernidad. De entrada, de ambos conceptos  viene a hablarse en fechas muy similares; segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Es cierto que no puede hablarse en la New Age de dogmatismo, concepto anatema para la posmodernidad, ya que no existe una gran creencia centralizada en un institución única, sino un afán de sincretismo de aquí te espero; en otras palabras, frente a una creencia absurda única e infalible, existe toda una pléyade de creencias y pretensiones absurdas, viejas o nuevas formas de religiosidad, acumuladas sin orden ni concierto y muy a gusto del consumidor. Recordemos que la posmodernidad, en la misma línea, se caracteriza por la negación de los grandes discursos (religiosos, ideológicos o científicos) y, de manera consecuente, por una profunda subjetividad. Otro factor coincidente con los rasgos posmodernos de la New Age es cierto relativismo, no existe una vía  objetiva de acceso a la verdad y todo depende de la disponibilidad del individuo; por supuesto, se trata de un recurrente subterfugio que, supuestamente, imposibilita que aquellos que somos escépticos accedamos a altos niveles de espiritualidad (léase, a cualquier despropósito como puede ser un poder paranormal ). La Nueva Era, junto a la posmodernidad, también rechaza la ciencia convencional;  aquella, apuesta más por el misticismo y no se desanima ante sus continuos fracasos, mientras que, según la filosofía posmoderna, la ciencia viene a ser un discurso más, por lo que equipara su validez a muchos otros.

Las creencias de la New Age pasan por toda suerte de exploraciones espirituales, místicas y, ¡ay!, relativas a la medicina alternativa; mitos judeocristianos,  hinduísmo, budismo, filosofía oriental de baratillo, ocultismo, paganismo de nuevo cuño, misticismo de andar por casa, junto a alguna creencia notablemente ambiciosa, con el supuesto afán de despertar algún tipo de sabiduría “espiritual”, como es el caso de la llamada Sociedad Teosófica. Como pueden ver ustedes, se trata de una enriquecido circo espiritual plagado de elementos irrisorios, que nos hace preguntarnos a qué tipo de involución está sujeta la civilización humana (pero no, no caigamos todavía en al Apocalipsis). Vamos a aclarar cuanto antes las diferencias entre sincretismo, término con una connotación mayor de conocimiento acumulativo, y eclecticismo, el cual hace más hincapié en considerar lo que es válido de una determinada cultura; por supuesto, no somos para nada exhaustivos en estas definiciones, pero sí me gustaría señalar que lo que caracteriza  el desmadre New Age es la “acumulación” de creencias sin demasiado criterio y con una inaceptable insistencia en lo “oculto”. Desgraciadamente, el ser humano, tantas veces, se deja maravillar por lo desconocido cayendo en el más lamentable misticismo en lugar de seguir haciéndose preguntas con el afán de indagar en las auténticas maravillas del universo, léase “conocimiento científico”, y de la creación humana (léase “arte”) .
No parece haber mucho recorrido en la valoración de esta New Age, sintomática de los tiempos que vivimos y explicable por causas muy terrenales. Sin embargo, el afán confusionista y embaucador de los que practican algún tipo de estas creencias les hacen mezclar el lenguaje críptico, haciendo que las personas confundan lo ininteligible con lo auténticamente inteligente, con algunos términos científicos (la física cuántica da mucho juego) y sicológicos. No obstante, esforcémonos en desenmascarar a cualquiera de estas corrientes llamando a las cosas por su nombre; todas ellas, de una manera u otra, distinguen entre un plano espiritual (trascendente) y otro meramente material, creen en fuerzas interventoras no evaluables por la ciencia, por lo que podemos denominarlas simplemente “mágicas”, y en individuos especialmente  dotados para interconectar con ellas y emplearlas beneficiosamente (una suerte de mediadores espirituales, que son los que tienen el misterioso poder, y vamos a estar ya un poquito hartos de tanto mediador en nuestras vidas, místico o terrenal). Como pueden ver, el significado de todo esta jerga no se diferencia gran cosa del de las creencias religiosas tradicionales: divinidad, alma o espíritu, sacerdotes, milagros…

La gran diferencia es que, mientras las religiones tradiciones deben mantenerse fieles a sus tradiciones y dogmas (lo cual debería conducirles al fundamentalismo y a la desaparición), las creencias de la New Age parecen ignorar el origen de aquellas , que no deja de ser la explicación supersticiosa de causas naturales, y pretende aportar su propia dosis de misterio para validar fenómenos paranormales ya caducos. Eso sí, la jerga New Age suele apelar con fuerza al término “espiritualidad” y sus practicantes presumen, en ese sentido de fortalecimiento y responsabilidad personales; nuestra opinión es que se trata, crítica extensible a la religión en general, de una de las distorsiones históricas más preocupantes acerca de la razón y los valores humanos. Dedicaremos otras entradas a la indagación en el origen de la moral y a la defensa de lo inmanente frente a lo trascendente.
Algunas personas, no sé si tantas, han adoptado algunos remedios terapéuticos que podemos considerar derivados de las creencias New Age o, al menos, que hay que contextualizar en esta época que nos ocupa (y preocupa). Como en este blog, con seguridad, vamos a tratar de prácticamente todas estas terapias alternativas, no voy a extenderme ahora demasiado. Solo quiero adelantar una cosa muy importante: no hay que diferenciar entre una medicina convencional o científica y otra complementaria o alternativa; medicina solo puede y debe haber una, la que funcione y, desde ese punto de vista, sí podemos adjetivarla como “científica”, muy a pesar de nuestros amigos esotéricos o posmodernos. Si algunas de las prácticas de las terapias alternativas son válidas de verdad (y es lógico que alguna cosa pueda haber), deberían incorporarse rápidamente al conocimiento científico general, ni más ni menos; otro asunto, también muy preocupante, es la mala praxis de los que se consideran profesionales de la medicina o la interesada instrumentalización que realizan los que tienen el poder económico y político (eso es algo, insistimos, ajeno al propio método científico y no es posible dar entrada al relativismo). Hablaremos también de todo ello en este blog. de momento, hay que decir que no existen los remedios "milagrosos", tenemos que insistir en ello, ni basándose en la ciencia ni mucho menos en lo oculto; desgraciadamente, vivimos una cultura con demasiados problemas de base (sociales y sicológicos); también, con una preocupante tendencia al infantilismo en la que quiere descubrirse verdades ocultas que van a llevar la salud y felicidad a los seres humano. De una manera más simple, y es algo también muy humano, a veces queremos tomarnos una pastilla o aplicar una técnica cuestionable que solucione sin más nuestros problemas y dolencias.

martes, 14 de enero de 2014

Presentación de un blog

Nace este blog con vocación escéptica y crítica, compañeros inseparables a nuestro entender para una saludable concepción del progreso. Repasaremos las muchas creencias absurdas que tiene el ser humano y trataremos, con el rigor del que seamos capaces y un siempre agradecible sentido del humor, de erosionar en lo posible esa tendencia del ser humano a dar un uso más que cuestionable a su imaginación; esta deriva suele ir pareja a considerar que ha encontrado verdades definitivas en campos no sujetos a verificación racional y científica alguna, algo frente a lo que solo podemos mostrar una actitud perpleja y consecuentemente negativa.

Frente a aquellos que pretenden vendernos certezas, nuestra intención es mantener una permanente tensión crítica. Alguien dijo ya algo así como que cuanto mayor era el grado de enfado de una persona, en el momento en que se cuestionaban sus creencias, más absurdas parecían; estamos totalmente de acuerdo con esto como nos demuestran también algunas experiencias personales. Recordaremos la acepción del término "absurdo": “contrario u opuesto a la razón, sin ningún sentido”. Se argumentará el grado de subjetividad que posee eso que llamamos "razón", y estaremos muy de acuerdo en ello; nada más lejos de nuestro intención, por supuesto, que coaccionar a nadie para que deje de creer en nada, pero sí queremos provocar, hacer pensar e invocar, en muchos casos, la simple sensatez además de una base sólida para el conocimiento.

Pensamos que las personas merecemos el mayor de los respetos, pero no así nuestras ideas y creencias (tantas veces, obtusas y disparatadas); es algo que suele confundirse muy a menudo, y tantas veces de manera interesada por parte de aquellos que detentan cierto poder. Es por eso que, junto a argumentos racionales, queramos emplear las armas del humor y la irreverencia; habrá quien considere que se trata de simplemente burla y desprecio, pero trataremos de convencerles de lo contrario, en el fondo tenemos una amplia intención positiva en nuestra negación. Confiamos en un conocimiento sólido que mejore, de verdad, la vida de las personas; del mismo modo apelamos al sentido del humor, bien cargadito de acidez y sarcasmo, como herramienta para doblegar toda tentación dogmática. Por supuesto, hablamos de nuevo de algo muy subjetivo, máxime si lleva una notable carga provocativa, por lo que es muy posible que haya personas que no les haga ni puñetera gracia lo que aquí lean; tienen todo el derecho, por supuesto, a criticar o a tirarnos sencilamente a la basura, mas nunca a censurar y esperamos que tampoco a considerarse, sin más, ofendidos.
Por esto blog pasarán todo suerte de creencias esotéricas y mistéricas, algo que no consideramos distanciado de las religiones, por lo que serán también blanco de nuestras críticas. Es precisamente en este país llamado España, en el que se dice que existe un Estado aconfesional, donde los gobernantes, bien poco separados de la religión institucionalizada, sancionan de forma permanente la posibilidad de hacer escarnio de las creeencias religiosas; como ya hemos dicho, no es nuestra intención realizar una mera burla gratuita. Como creemos profundamente en una sociedad basada, de verdad, en la libertad de conciencia, presuponemos para ello que debe existir la libertad incondicional de expresión y de crítica; es decir, cada uno es muy libre de pensar o creer lo que le venga en gana, pero hay que reclamar el derecho a considerar tal cosa como absurda y, muy probablemente si se amplia su esfera de influencia, perniciosa. Cuestionar las religiones, con su legado absurdo y sus muchas supersticiones, nos parece una tarea primordial en la que instiremos una y otra vez.

Otras muchas creencias a la carta, sustentadas en ese despropósito que denominan New Age, y donde aparecen tarde o temprano toda suerte de peregrinas teorías y terapias alternativas, serán objeto de nuestra crítica y sarcasmo en este blog. Dejaremos claro, de entrada, que nuestra intención es profundamente subversiva, y nada nos parece que lo sea más que la invocación de un conocimiento veraz; defender una buena instrumentalización de la ciencia es criticar también a un sistema político y económico que mantiene en la indefensión a demasiadas personas. Pretender que teorías seudocientíficas o sobrenaturales puedan ayudar de verdad a mejorar el bienestar de las personas, al margen del alivio que puedan suponer por otros motivos, creemos que es también parte del problema. La medicina alternativa, al igual que la religión, puede sugestionar y aliviar el sufrimiento hasta cierto punto, pero nunca debería ser mostrada como una alternativa para la verdadera sanación. Es por eso que denunciaremos a los que mercadean con la salud ajena proponiendo terapias cuya utilidad no se ha demostrado.
Por último, y adelantándonos de nuevo a críticas estereotipadas, diremos que por supuesto que existen muchos factores inmateriales donde la ciencia poco o nada puede decir. Dicho de otro modo, creencias y valores "espirituales" tenemos cualquier ser humano, si de verdad nos consideramos tal cosa. Sin embargo, creemos (una vez más, una creencia) que es en un plano humano, material y social, no sobrenatural, donde mejor se dirimen los asuntos que nos afectan; apelamos a la ciencia, es decir, a un sólido método científico que verifique toda propuesta, solo en cuanto al acceso al conocimiento. Si nos movemos en otro terreno, donde entran en juego los sentimientos, deseos y aspiraciones de las personas, ya es un asunto bien diferente. No obstante, el amor por el conocimiento, donde se presupone por supuesto una sólida cosmovisión científica, así como el adiestramiento de la inteligencia y la racionalidad, los consideramos factores muy determinantes en todo desarrollo humano.